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Bajo el nuevo orden mundial, del capitalismo “según Klaus Schwab”, los ciudadanos aprenderán a no poseer nada y conformarse, escribe Matt Ehret.

DEFLAGRACIÓN FINANCIERA A LA VISTA: ECONOMISTAS LOBOTOMIZADOS SE PELEAN EN LA CUBIERTA DEL TITANIC

Mientras los genios que dirigen la burbuja financiera occidental, a veces llamada “economía“, continúan redoblando su obsesión por bombear un sistema financiero ya muerto con cada vez más billones en papel-estímulo, las discusiones se desatan entre economistas con el cerebro lavado que viven en la negación del colapso sistémico que se avecina. Me viene a la mente la idea de los mecánicos del Titanic discutiendo apasionadamente sobre si deberían acelerar o desacelerar la velocidad del barco cuyo casco ha sido hecho añicos hace ya tiempo por el iceberg.

En un lado del debate, figuras como la secretaria del Tesoro de los Estados Unidos, Janet Yellen, y el presidente de la FED, Jerome Powell, defienden una nueva ola emergente de altos intereses como “una ventaja desde el punto de vista de la sociedad” con el fin de contrarrestar las crecientes tasas de inflación en todos los sectores de la economía. Sin embargo, este línea afirma que este aumento en las tasas de interés no debe realizarse de inmediato, y solo comenzará en 2023. Hasta entonces las tasas de interés deben mantenerse cerca del cero por ciento.

Al otro lado del debate, los economistas del banco más grande de Alemania gritan que esperar hasta 2023 será mortal. No se debe perder ni un segundo para empezar a aumentar las tasas de interés para evitar que una “bomba de tiempo” destruya tanto a los EE. UU. como al mundo. El 7 de junio, el economista jefe de Deutsche Bank, David Folkerts-Landau, escribió apasionadamente que la decisión de Washington de esperar hasta 2023 antes de subir las tasas de interés “podría crear una recesión significativa y desencadenar una cadena de dificultades financieras en todo el mundo” que provocaría “una bomba de tiempo” esperando explotar … a menos que, ahora, las tasas de interés subieran hasta un 20% tal como lo había hecho en 1980 el entonces presidente de la FED, Paul Volcker, que vio caer las tasas de interés del 12,5% en 1980 al 3,8% en 1982.

Sin embargo, o ambas partes son unos completos ignorantes o son unos mentirosos patológicos que intentan distraer a los ciudadanos y a los políticos (responsables) de la naturaleza sistémica real del colapso que se avecina y que solo se puede abordar si se tienen en cuenta ciertos hechos fundamentales de la historia reciente.

¿Por qué la inflación se disparará?

Como consecuencia de la paralización de las economías por la pandemia, para evitar que la gente literalmente muera de hambre y los bancos colapsen, los paquetes de rescate y la impresión ilimitada de dinero se han convertido en la nueva normalidad. Se han generado, a nivel internacional, $24 billones (trillones americanos) de dólares en deudas relacionadas con COVID, mientras que los balances de la Reserva Federal de EE. UU. se han duplicado durante el mismo período hasta $ 8 billones (8 millones de millones) con las tasas crecientes de inyecciones de liquidez a los bancos Too Big to Fail desde septiembre de 2019. Hasta ahora, la inflación de los precios al consumo ha aumentado un 4,2% en 12 meses, pero en base a la realidad obvia de los $ 28.000.000.000.000 de deuda estadounidense totalmente impagable —que al mismo tiempo sostiene otra bomba de tiempo en forma de burbuja de derivados de $ 1,2 billones ($ 1.200.000.000.000)— junto con la ruptura de las cadenas de suministro y un disfuncional programa de infraestructuras verdes impulsado por Biden, debería ser suficiente para que la amenaza de inflación desbocada e incluso hiperinflación estuviese firmemente (al menos, debería estar) en la mente de todos.

Ahora bien, si Folkerts-Landau del Deutsche Bank disocia la loca impresión de dinero de cualquier tipo reestructuración sistémica de los excesivamente hinchados bancos zombies Too Big to Fail, o de un serio programa de recuperación, entonces debería ser aplaudido por suscitar el espectro de una inflación sin límites. Después de todo, Alemania tuvo una experiencia directa con este tipo de política desastrosa en 1923 cuando la hiperinflación hizo trizas la economía alemana y preparó el escenario para el ascenso del nazismo poco después. (1)

Lamentablemente, tanto Folkerts-Landau como Yellen están impulsando políticas que no solo acelerarán la hiperinflación un siglo después de Weimar, sino que marcarán el comienzo de una nueva dictadura de los banqueros centrales que solo fue subvertida en 1933 debido a la intervención fortuita del presidente estadounidense Franklin Roosevelt.

Entonces, ¿qué hizo Volcker?

Dado que a los economistas se les dice repetidamente que los aumentos de las tasas de interés de Volcker de 1979-1982 salvaron la economía de Estados Unidos, veamos lo que realmente sucedió y por qué Volcker describió su filosofía como una “desintegración controlada“.

Si bien la inflación se extendió por Estados Unidos en la década de 1970, vale la pena preguntarse: ¿por qué sucedió esto realmente? ¿Las reformas de Volcker tuvieron algo que ver con la solución de ese problema? ¿O tanto el problema como su solución nominal impulsaron una agenda singular de destrucción controlada de los Estados Unidos que ahora culmina su desarrollo, cuatro décadas después?

Por un lado, el alejamiento del desarrollo industrial a largo plazo con la flotación del dólar estadounidense en 1971 fuera del patrón de reserva de oro contribuyó en gran medida a convertir una economía productiva e impulsada por la manufactura con visión de futuro en un culto al consumo y al desperdicio postindustrial. Esta era “postindustrial” se caracterizó por industrias subcontratadas que dependían cada vez más del aumento de las tasas de importación de productos que los Estados Unidos alguna vez fabricaron por sí mismos. Una economía FIRE (Finance, Insurance and Real Estate: especulación en finanzas, seguros e inmobiliaria) se apoderó cada vez más del otrora poderoso sector manufacturero.

La producción agroindustrial fue reemplazada por empleos en el sector de servicios a medida que Estados Unidos se volvió cada vez más dependiente de las importaciones baratas desde China, México y otras naciones pobres que se esperaba siguiesen siendo talleres de mano de obra barata e intensiva por el resto de los tiempos.

Este desapego de la “valoración” del dólar de cualquiera de los estándares físicos medibles contribuyó en gran medida a acabar con el poder adquisitivo y elevar la inflación a medida que la circulación monetaria aumentaba cada vez más por la especulación con el petróleo, las divisas u otros bienes que a menudo no tenían conexión con la realidad. Las tasas de inversión en ciencia de vanguardia, tanto en el ámbito atómico de la fusión como en el ámbito macro de la exploración espacial, se cortaron drásticamente. En la misma medida, el mantenimiento y la mejora de las infraestructuras vitales generales colapsaron drásticamente en todas las naciones de la OCDE atrapadas en la “nueva normalidad postindustrial”.

La I+D científica, no relacionada con el ámbito militar, también experimentó un colapso durante este período, cayendo desde el 2,5% del PIB en 1971 a un mero 0,4% del PIB en 2020.

La desregulación y la liberalización del mercado castraron el papel de los estados como naciones soberanas, cada vez más a partir de 1971, ya que las políticas de “laissez faire” dominaron sobre un panorama previamente proteccionista. En lugar de continuar con la buena práctica de la “paridad de precios”, que definió el crecimiento real de las naciones occidentales durante los 25 años posteriores a la Segunda Guerra Mundial, los mercados, dirigidos por especuladores que solo buscaban maximizar las ganancias, comenzaron a definir los precios de los bienes.

Por último, pero no menos importante, se admite que el aumento del precio del petróleo hasta el 400% durante la crisis de la OPEP de 1973 desempeñó un papel importante en el impulso de la inflación de 1973-79, pero como demostró el investigador William Engdahl en su 1992 Century of Oil, el entonces secretario de Estado Henry Kissinger tuvo un papel más importante en la fabricación desde cero de esta crisis, al evitar que se descargaran en los EE. UU. cientos de barcos cisterna repletos de gasolina y facilitar así la subida del 400% con la ayuda de varios ministros de petróleo de alto nivel en el Medio Oriente en deuda con Kissinger. Hace pocos años, Sheikh Yamani, de Arabia Saudita, exministro de la OPEP en aquel momento corroboró la investigación de Engdahl afirmando:

“Estoy 100 por ciento seguro de que los estadounidenses estuvieron detrás del aumento del precio del petróleo. Las compañías petroleras estaban en serios problemas en ese momento, habían pedido prestado mucho dinero y necesitaban un alto precio del petróleo para salvarse”.

Poniendo la Comisión Trilateral en perspectiva

Este cambio de la economía estadounidense desde su papel anterior como economía de producción industrial a un culto al consumo, la especulación y el monetarismo, fue acompañado por un cambio internacional más amplio que estaba siendo orquestado por una camarilla de tecnócratas misantrópicos que administraban una organización conocida como la Comisión Trilateral, fundada en 1973 por el presidente de Chase Manhattan, David Rockefeller III, con un sociópata llamado Zbigniew Brzsinski como su gran estratega.

El objetivo de la Comisión Trilateral era destruir la base de fabricación soberana de los Estados Unidos y del sector del desarrollo internacional por igual.

Para cualquiera que pueda considerar paranoica esta “teorización de la conspiración”, es útil recordar que entre los escalones más altos del poder ejecutivo estadounidense, bajo el presidente Carter, se encontraban miembros como Brzezinski, Walter Mondale (vicepresidente), Harold Brown (secretario de Defensa), Cyrus Vance (Secretario de Estado), Michael Blumenthal (Secretario del Tesoro), James Schlesinger (Zar de la Energía) y el propio Paul Volcker como Presidente de la FED. Henry Kissinger también fue un miembro destacado de este grupo.

Entre los muchos objetivos de la Comisión Trilateral que presentó Brzezinski en su Manifiesto de 1970 “Entre dos edades” estaba la necesidad de impulsar la transición de la sociedad hacia lo que Brzezinski llamó la “era tecnotrónica” diciendo:

“La era tecnotrónica implica la aparición paulatina de una sociedad más controlada. Una sociedad así estaría dominada por una élite, sin las restricciones de los valores tradicionales. Pronto será posible ejercer una vigilancia casi continua sobre cada ciudadano y mantener archivos completos actualizados que contengan incluso la información más personal sobre el ciudadano. Estos archivos estarán sujetos a recuperación instantánea por parte de las autoridades”.

En un estudio de 1975 para la Comisión Trilateral llamado Crisis in Democracy, supervisado por Zbigniew, el ideólogo de Choque de Civilizaciones, Samuel Huntington, escribió: “Hemos llegado a reconocer que existen límites potenciales deseables para el crecimiento económico. También hay límites potencialmente deseables para la extensión indefinida de la democracia … un gobierno que carece de autoridad tendrá poca capacidad para imponer a su pueblo los sacrificios que serán necesarios”.

Entonces, ¿qué tipo de sacrificios creían necesarios estos tecnócratas de la Comisión Trilateral en una sociedad sana, liberada de su tonta creencia en el progreso científico y tecnológico, que animó la perspectiva política de “personajes” como Franklin Roosevelt, John F. Kennedy, Charles De Gaulle o Bobby Kennedy?

Aquí es donde entra Volcker.

El significado de “desintegración controlada”

En 1978, en medio de una inflación desbocada, Paul Volcker habló en una conferencia en la Universidad de Warwick en Londres y afirmó que “una desintegración controlada de la economía mundial es un objeto legítimo en la década de 1980”.

Al ascender a la presidencia de la FED un año después, no perdió tiempo en aplicar este programa. No solo hizo que el crédito disponible fuera imposible para muchas pequeñas y medianas empresas americanas al elevar las tasas de interés al 20%, Volcker también se aseguró de que las naciones del tercer mundo fueran de nuevo exprimidas por medio de una esclavitud neocolonial en forma de deuda bajo los sicarios económicos del FMI y el Banco Mundial, naciones que serías absorbidas por tasas cada vez mayores de deudas impagables como una moderna forma de esclavitud. Entre 1979-1982, la deuda del tercer mundo se disparó del 40% al 70% en todos los ámbitos, lo que provocó una monumental crisis de deuda.

Durante este período, la producción agrícola de EE. UU. colapsó. Las herramienta para máquinas de corte de metales se redujeron en un 45%, la producción de automóviles cayó en un 44,3% y la producción de acero en un 49,4%. Mientras, las quiebras se dispararon, salvándose solo las megacorporaciones lo suficientemente fuertes como para pagar las tasas draconianas al tiempo que absorbían las pequeñas empresas y granjas en quiebra, como Borg de Start Trek modernos que consumiesen tasas cada vez mayores de mano de obra y recursos baratos de las naciones pobres.

Para comprender cómo estos países siguieron siendo pobres y explotables, solo es necesario leer el Informe del Departamento de Estado Malthus/CIA escrito por Henry Kissinger en 1974 llamado NSSM-200 que pedía un programa de despoblación total dirigido a 14 naciones pobres que entonces ansiaban el crecimiento industrial. Entre los afectados se encontraban India, Bangladesh, Pakistán, Indonesia, Tailandia, Filipinas, Turquía, Nigeria, Egipto, Etiopía, México, Colombia y Brasil. La lógica de Kissinger era simple: si estas naciones se desarrollan, su población crecerá. Si sus poblaciones crecen, utilizarán sus recursos. PERO como está en los intereses estratégicos de los Estados Unidos utilizar esos recursos, estas naciones deben mantenerse al margen de ellos.

Los líderes nacionalistas entre esas naciones seleccionadas, que tenían ideas diferentes, fueron blanco de asesinatos o cambios de régimen a lo largo de la década de 1980.

Volviendo a los EE. UU., Paul Volcker también apuntó a los bancos comerciales al imponer grandes aumentos en los requisitos de reservas, lo que dificultó aún más los préstamos (aunque la especulación en los bancos de inversión se facilitó con la Ley Garn-St. Germaine de 1982). Este acto y la desregulación financiera que lo acompañó durante este período de “Reaganomics” abrieron el camino hacia la nueva era de la banca universal que comenzó con el Big Bang de Thatcher en 1986, el fin de los Cuatro Pilares de Canadá ese mismo año y finalmente el asesinato de ley Glass-Steagall en 1999. El sueño de los darwinistas sociales de un mundo desregulado de cada uno contra todos, donde sólo los más fuertes, los más aptos y los más sociópatas sobreviven, era ahora una realidad. En la Unión Soviética, este proceso de desmantelamiento y desregulación de naciones, que tardó décadas en causar estragos en las economías occidentales, se aceleró en el espacio de diez años de terapia de choque. En China, donde agentes de Soros y la CIA, como Zhao Ziyang (primer ministro y secretario general del PCCh de 1987 a 1989), intentaron imponer reformas liberalizadoras del tipo Gorbachov a lo chino, afortunadamente fueron capaces de impedir la violación antes de que se pudiera imponer el modelo aplicado a los rusos.

Con Glass-Steagall fuera del camino, los bancos comerciales y de inversión podrían unirse para formar “el conglomerado financiero supremo, todopoderoso y de muchas cabezas” como lo describió Lord Jacob Rothschild en 1983. (2)

En 2001, del mismo modo que la monstruosidad islámica de Zbigniew Brzezinski creada para luchar contra los soviéticos en Afganistán se había incubado a lo largo de la década de 1990, se lanzó un nuevo programa de guerras interminables en Oriente Medio. Mientras que Oriente Medio se ponía patas arriba bajo una nueva era de guerra, el sector de servicios financieros evitó varias bombas que cayeron cerca en 1997, 1998 y 2000 (con el colapso de la burbuja de las punto com/Y2K). Esto se logró mediante la desregulación de los derivados de venta libre entre grandes empresas (OTCs) que pasaron de ser una bomba de tiempo de 70 billones (trillones USA) de dólares en 2001 a otra bomba de tiempo de 650 billones (trillones USA) de dólares en 2008, cuando el mercado de la vivienda colapsó.

Si bien entonces existían oportunidades para reponer la ley Glass-Steagall y dividir los bancos, como lo había hecho anteriormente FDR en 1933, se prefirió la impresión el dinero hiperinflacionario, lo que resultó en otros 12 años de locura a medida que la burbuja continuaba expandiéndose y la base física de la producción económica continuaba atrofiándose.

Hoy en día, no estamos sentados sobre una burbuja concentrada en los precios de la vivienda, el petróleo o las monedas, sino en una multitud de burbujas en literalmente todo, desde materias primas, Bitcoin, vivienda, bienes raíces comerciales, deudas estudiantiles agrupadas, préstamos automotrices, hasta el exceso de valor de la propia moneda estadounidense.

La pandemia COVID no ha “causado” la actual crisis sistémica como muchos tontos han repetido como loros durante más de un año, sino que simplemente ha servido como tapadera para ocultar las causas sistémicas reales del tan ansiado colapso, y acelerar la desintegración controlada del sistema ahora que el mundo ha sido preparado para la transición a una “nueva era tecnotrónica” que ha llegado a ser apodada como el “Gran Reinicio” o la “Cuarta Revolución Industrial”.

Personas como Klaus Schwab o los fideicomisarios del Foro Económico Mundial Mark Carney, Christine Lagarde y Chrystia Freeland nos dicen que la era del capitalismo de libre mercado que reinó desde 1971-2020 ha llegado a su fin, y que una nueva época de “finanzas verdes” en un mundo descarbonizado se nos viene encima. Bajo este nuevo orden mundial de “capitalismo de tenedor de apuestas”, los ciudadanos aprenderán a no poseer nada y darse por contentos, mientras que las empresas contaminantes que cometan pecados climáticos se verán excluidas de todo crédito.

Como escribió recientemente el ex director del Banco de Inglaterra, el anglocanadiense Mark Carney (que muchos vaticinan como el reemplazo de Justin Trudeau como primer ministro canadiense), sobre la nueva era del “cero neto” en su nuevo libro Valores para construir un mundo mejor para todos:

“Podrían pasar generaciones antes de que los logros de la cuarta revolución industrial se compartan ampliamente. En el ínterin, podría haber un largo período de desempleo tecnológico que aumente drásticamente las desigualdades e intensifique el malestar social”.

Klaus Schwab ha fantaseado públicamente con esta nueva era de fusión humano-máquina de cerebros con microchip que interactúan con la red global y Tony Blair ha causado vértigo diciendo que “la vacunación es, al final, tu camino hacia la libertad”.

Entonces, si bien toda esta historia puede sonar un poco sombría, solo queda un pequeño obstáculo para la implementación con éxito de este programa antihumano.

Este obstáculo se encuentra en la Gran Asociación Euroasiática liderada por Rusia y China y a la que se unen 135 naciones del mundo que se han adherido a la Iniciativa de la “Ruta de la Seda”. Estas son naciones que preferirían tener un futuro multipolar, vectorizado en torno al crecimiento industrial a gran escala, que ser sacrificadas en el altar de Gaia por un sacerdocio tecnocrático neomalthusiano. Este paradigma multipolar opera bajo una filosofía financiera y geopolítica en total desacuerdo con la obsesión entrópica cerrada de las fuerzas asociadas con Kissinger, Blair, Carney o Schwab, y eso es algo muy bueno no solo para el mundo euroasiático, sino para las fuerzas nacionalistas. también en el oeste.

Notas

(1) En junio de 1922, se intercambiaban 300 marcos por 1 dólar y en noviembre de 1923, se necesitaron ¡42 billones de marcos para obtener 1 dólar! Todavía hay imágenes disponibles de alemanes empujando carretillas de dinero en efectivo por la calle, solo para comprar una barra de mantequilla y pan (1 kg de pan se vendió por $ 428 mil millones de marcos en 1923). Con la pérdida de valor de la moneda, la producción industrial cayó en un 50%, el desempleo aumentó a más del 30% y la ingesta de alimentos se derrumbó en más de la mitad de los niveles de antes de la guerra.

(2) En su discurso de 1983, Lord Jacob Rothschild declaró: “dos grandes tipos de instituciones gigantes, la compañía mundial de servicios financieros y el banco comercial internacional con una competencia comercial global, pueden converger para formar el supremo conglomerado financiero, todopoderoso y de múltiples cabezas”.

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Matthew Ehret. Traducción por Dugutigui del artículo Financial Blowout Ahead: Lobotomized Economists Clash on the Deck of the Titanic

Acerca de Dugutigui

In the “Diula” language in Mali, the term « dugutigui » (chief of the village), literally translated, means: «owner of the village»; «dugu» means village and «tigui», owner. Probably the term is the result of the contraction of «dugu kuntigui» (literally: chief of the village).
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