un idiota útil – (es)

Uno podría razonablemente postular que cuando el Príncipe Heredero Mohammed bin Salman (MbS) señaló a principios de marzo, que Arabia Saudita elevaría al máximo la producción de crudo para colapsar los precios del petróleo en una guerra de precios a gran escala, el presidente ruso Vladimir Putin, con el torso desnudo en algún lugar de Siberia, probablemente se cayó del caballo del ataque de risa. Hay una frase en los círculos de inteligencia rusos, dedicada a personas desorientadas, que se usa sin piedad (a espaldas del aludido) en operaciones encubiertas: “es un idiota útil”, y es difícil pensar en alguien más “útil” en este contexto para los rusos que quien quiera que se le ocurrió el último “plan” de los saudís.
Cualquiera que sea la forma en que se desarrolle esta guerra de precios del petróleo, Rusia gana.
En términos puramente de economía básica del petróleo, Rusia tiene un precio de equilibrio presupuestario de unos US$ 40 por barril Brent este año: el equilibrio de Arabia Saudita está en los US$ 84. Rusia puede producir más de 11 millones de barriles por día (mbpd) sin sudar (figurativamente); El promedio de producción de Arabia Saudita, desde 1973 hasta hoy, es de poco más de 8 mbpd. La principal empresa productora de petróleo de Rusia, Rosneft, ha estado rogándole al presidente Putin que le permita producir y vender más petróleo desde que Rusia empezó a llegar a acuerdos con la OPEP + en diciembre de 2016; El principal productor de petróleo de Arabia Saudita, Aramco, solo pude sufrir destrucción de valor societario en tal escenario. Esto incluye a aquellas personas que confiaron lo suficiente en MbS para comprar acciones en la reciente oferta pública inicial de Aramco. Rusia puede hacer frente a precios del petróleo tan bajos como US$ 25 por barril, desde una perspectiva de presupuesto y reservas de activos extranjeros, durante 10 años; Arabia Saudita podría aguantar 2 años como máximo.
Una razón clave por la que Rusia puede sobrevivir por mucho más tiempo que los sauditas es precisamente realidad gracias al propio MbS. Subrayando esto, y el hecho de que los rusos tienen un sentido del humor muy travieso, que lo tienen, ocurrió que el Ministro de Energía de Rusia, Alexander Novak, la semana pasada elogió la cooperación con la agrupación de la OPEP en los últimos tres años, lo que, añadió, “le había hecho ganar a Rusia 10 billones de rublos (US$ 140 mil millones)”. Presumiblemente para resaltar aún más la ironía de todo esto, el Ministerio de Finanzas de Rusia pormenorizo la forma en la que los fondos acumulados gracias a los acuerdos anteriores con la OPEP ayudarán a Rusia a respaldar el rublo y también a hacer frente a precios del petróleo tan bajos como US$ 25 por barril por 10 años. Sin embargo, la guinda metafórica del pastel fue que Novak agregó que “podemos llegar a nuevos acuerdos [con la OPEP] si es necesario”. En términos prácticos, esto significa que si, de hecho, a Arabia Saudita le lleva más tiempo del que originalmente se pensaba ir a la quiebra y el tema comienza a tener un impacto negativo en Rusia, entonces Moscú simplemente hará “clic” y Riad vendrá corriendo a firmar un nuevo acuerdo de límite de producción en la OPEP +.
Seguramente, algunos puedan pensar “no es posible que Arabia vaya a la quiebra”. De hecho, como se destacó más arriba, Arabia Saudita irá a la quiebra si continúa esta guerra de precios del crudo. Como el propio viceministro de economía de Arabia Saudita, Mohamed Al Tuwaijri, declaró inequívocamente en octubre de 2016 —la última vez que los sauditas intentaron exactamente esta misma “estrategia” (desde 2014 a 2016) de derrumbar los precios del petróleo y arruinar a los productores de esquisto de USA, “Si nosotros (Arabia Saudita) no tomamos ninguna medida de reforma, y si la economía global se mantiene igual, entonces estamos condenados a la bancarrota en tres o cuatro años”. Es decir, si Arabia Saudita siguiera produciendo en exceso para hacer bajar los precios del petróleo, tal como lo está haciendo ahora, una vez más, estaría en bancarrota dentro de tres o cuatro años. No obstante, el plazo se ha reducido hoy a la mitad por una variedad de razones específicas como la guerra del Yemen y el coronavirus.
Pero ¿qué tiene que ganar Rusia con la quiebra de Arabia Saudita?
Económicamente, significa que Arabia Saudita incumplirá la deuda soberana y corporativa, no podrá atender a sus industrias clave y no podrá cumplir con los requisitos en sus principales contratos de petróleo y gas. Simplemente tener menos petróleo y gas saudita compitiendo en el mismo espacio que Rusia y sus aliados —especialmente Irán e Irak, sería lo suficientemente beneficioso para Rusia. Pero también hay beneficios adicionales aún mayores. Uno de ellos es la destrucción de la relación, ya de por sí tensa, entre USA y Arabia Saudita, que ha perdurado desde 1945. En aquel momento, el acuerdo que se alcanzó entre el entonces presidente Franklin D. Roosevelt y el rey saudita, Abdulaziz, a bordo del crucero de la Armada estadounidense Quincy en el Gran Lago Amargo del Canal de Suez, estipulaba que Estados Unidos recibiría todo el petróleo que necesitase siempre que Arabia Saudita lo tuviese disponible, a cambio de lo cual Estados Unidos garantizaría la seguridad tanto del país como de la gobernante Casa de Saúd.
El apoyo dentro de Estados Unidos para la continuación de esta relación ha disminuido notablemente en los últimos años. Este cambio de actitud comenzó en serio cuando llamó la atención de los americanos que 15 de los 19 secuestradores que iban en los aviones involucrados en la atrocidad terrorista del 9/11 eran ciudadanos de Arabia Saudita. El alcance de la participación del gobierno saudita en la financiación de este tipo de terrorismo apareció en primer plano tras la anulación, el 28 de septiembre de 2017, por el Congreso estadounidense del veto del ex-presidente Barack Obama a la Ley de Justicia contra los Patrocinadores del Terrorismo. Eso hizo posible que las familias de las víctimas del ataque terrorista del 9/11 demandaran al gobierno de Arabia Saudita por daños. En un corto espacio de tiempo, después de esta reversión, se produjeron siete demandas importantes ante los tribunales federales que alegan el apoyo del gobierno saudita y su financiación en el ataque del 9/11, y se esperan más demandas.
Los eventos posteriores no han suavizado esta visión negativa, con la presión constante del Congreso sobre la guerra liderada por Arabia Saudita en Yemen, el acercamiento de Arabia Saudita a Rusia en la agrupación de la OPEP + y la acusación del presidente libanés Michel Aoun en 2017 de que el entonces primer ministro Saad al Hariri había sido secuestrado por los sauditas y obligado a renunciar. Las cosas empeoraron con el asesinato del periodista saudita disidente, Jamal Khashoggi, el 2 de octubre de 2018 en el consulado saudí en Estambul, Turquía, que incluso la CIA concluyó que fue ordenado personalmente por MbS. Tal fue el cambio en el sentimiento hacia Arabia Saudita durante estos años que la Administración Presidencial de los Estados Unidos se ha visto sometida a una presión cada vez mayor para que finalmente implemente la ley de “No Producción de Petróleo y Carteles de Exportación” (NOPEC). Este proyecto de ley, que por cierto aún se puede implementar —aparentemente algo más que MbS no ha tenido en cuenta, haría ilegal limitar artificialmente la producción de petróleo (y gas) o amañar precios, como hacen la OPEP y Arabia Saudita.
Este proyecto de ley también eliminaría de inmediato la inmunidad soberana que existe actualmente en los tribunales estadounidenses para la OPEP como grupo y para sus estados miembros individuales. Esto dejaría a Arabia Saudita abierta a ser demandada en virtud de la legislación antimonopolio vigente en los Estados Unidos, poniendo en peligro el US$ 1 billón que tienen invertido en los EE. UU.
Este, y todos los otros eventos mencionados más arriba, resultaron en que MbS no pudiese encontrar ningún destino internacional para listar la OPI de Aramco. Tal y como se predijo antes de la salida a bolsa, las acciones de Aramco ahora están teniendo un valor negativo por la razón clave citada en su día: que la compañía sería utilizada como un instrumento de política gubernamental, a pesar de lo mal diseñada que esta pueda ser, independientemente de las consideraciones de accionistas.
Nótese que, durante el fin de semana, Aramco publicó cifras que muestran una caída del 21 % de su valor en 2019 “debido a una caída en los precios del petróleo”, ¡y esto es antes de que MbS implementara la nueva estrategia de desplome de precios! Después del anuncio de la “estrategia”, las acciones se cotizaban a un 15% menos que el precio de oferta. Además, nuevamente convirtiendo en mentira sus declaraciones anteriores, quedó clara la imposibilidad —a pesar de las afirmaciones ridículas del Reino, de alcanzar niveles de producción nunca antes logrados. Aramco rechazó al menos tres solicitudes de refinadores asiáticos (una coreana, una taiwanesa y una china) de crudo adicional para abril, a añadir a sus acuerdos de suministro a largo plazo.
Así que, para Rusia, sea con Arabia Saudita inmersa en una guerra de precios o mejor aún en bancarrota, la situación es beneficiosa de cualquier manera. El objetivo a largo plazo de Rusia es controlar directa o indirectamente a todos los jugadores clave dentro del creciente poder chiita en el Medio Oriente, incluyendo la mayor parte del Líbano, Siria, Irak, Irán y Yemen (a través de Irán). Todos estos países tienen grandes reservas de petróleo y gas y/o costas útiles para las necesidades militares y comerciales de Rusia (acceso al Mediterráneo o al mar de Arabia). Para lograr esto, la estrategia central de la política exterior de Rusia es crear caos y luego proyectar soluciones rusas y, por lo tanto, dominar en ese caos. A este respecto, una vez más, MbS está siendo muy “útil” para los rusos.
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Un idiota útil – Dugutigui (Basado en un artículo de Simon Watkins)

Acerca de Dugutigui

In the “Diula” language in Mali, the term « dugutigui » (chief of the village), literally translated, means: «owner of the village»; «dugu» means village and «tigui», owner. Probably the term is the result of the contraction of «dugu kuntigui» (literally: chief of the village).
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