por amor a mi país – (re) (es)

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La monarquía nos hace parecer ridículos. Nos exige y recibe deferencia por razón de nacimiento. Es una idolatría tan bruta y estúpida como la de los antiguos paganos. Esto distorsiona nuestra capacidad de inventar ceremonias y honores por nosotros mismos y arruina el funcionamiento del Estado con reverencias tontas y envaradas. Más grave aún, la monarquía crea una falsa idea de unidad de la nación, mientras nuestros verdaderos gobernantes juegan a la ruleta con millones de nosotros, mientras que millones de nosotros -“súbditos”- nos la estamos jugando con nuestras casas y finanzas.
La monarquía tiene tres efectos negativos para la sociedad: personifica y alienta la idea de una jerarquía social que se basa en la creencia de que la sangre y el nacimiento, en lugar del mérito personal, son suficientes para justificar el respeto e incluso admiración; estimula la nostalgia por el pasado, en el que se asienta firmemente, en lugar de esperanza en el futuro. También es muy cara. Pero eso es un perjuicio insignificante en comparación con los otros efectos dañinos.
La monarquía sigue siendo el único metrónomo en nuestra tierra que no fibrila a mil pulsaciones por segundo. Es nuestro guardián de la continuidad, que nos ancla a una identidad histórica impermeable a la siguiente actualización de Windows, en una época en la que mucho de lo que era culturalmente familiar se ha ido, se ha desconectado, o se ha usurpado con fines de lucro.
La monarquía refleja y refuerza una parálisis en el corazón de nuestra cultura política. El encanto de la realeza o la idiotez del súbdito no son más que una distracción de la realidad, aunque las travesuras reales alimentan muy bien a una cultura cada vez más basura. Sin embargo, es la deferencia la que siempre ha sostenido a nuestra monarquía. La gente todavía reverencia al rey y reverencia a la reina -hasta hace poco ha sido inculcado en nosotros- pero no puedo imaginarme a mi generación hacer lo mismo con un Felipe rey: “¿por qué? ese tipo no es diferente a mí”, muchos podrían reclamar.  Y eso es antes de volver la atención a los costos de esta institución inexplicable.
juancarlosi
Creo que la monarquía se ha convertido en una especie de telenovela nacional, pero un poco más cara de mantener. Debo confesar que resulta algo entretenida, a pesar de mis aspiraciones a una mayor altura de miras. Ciertamente pulsa todos los tópicos (muy españoles): la clase social, la herencia, la riqueza, la intriga familiar y el mal comportamiento, entre otros. Pero se pone un poco repetitiva y no parece ser muy buena para los propios actores, que se encuentran atrapados en papeles de los que no pueden escapar. Tal vez es el momento de poner fin a la serie.
A pesar de la predisposición de las personas en general a aceptar la monarquía sin crítica -como una especie de fondo de pantalla constitucional- lo cierto es que esta se encuentra en el ápice de una pirámide de jerarquía que está compuesta mayormente por personas que gozan de riqueza no ganada, de poder no democrático o de prestigio inmerecido, o los tres. Cualquiera que acepta esta institución participa de un engaño masivo: que la única manera en que una democracia moderna puede ser gobernada es por medios profundamente anti-democráticos, que la única manera de tratar a los ciudadanos es como súbditos. A mi juicio, estos “súbditos” sólo alcanzarán la mayoría de edad política con la abolición de la monarquía.
Y si usted duda el patriotismo de un republicano, considere el tratar de explicarle a un americano por qué los EE.UU. deberían importar la Constitución española. “Ustedes deben hacer a alguien presidente de por vida”, podría empezar. “Podría ser Barack Obama, como él ya está en el poder y todas las dinastías empiezan con alguien que se ha apoderado del trono…  Sus herederos le sucederán, sin importar lo altivos, ilusos, enfermos o, de otra manera, inadecuados que puedan resultar para ocupar altos cargos. Serán los jefes oficiales del estado y las fuerzas armadas les jurarán lealtad a ellos y no a la Constitución de los Estados Unidos“. Puede que reforzara su terreno de juego si usted añade la conclusión: “A los turistas les encantará la monarquía americana. ¡Piense en los beneficios para los hoteleros de Washington!”
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Por amor a mi país – Dugutigui

About Dugutigui

In the “Diula” language in Mali, the term « dugutigui » (chief of the village), literally translated, means: «owner of the village»; «dugu» means village and «tigui», owner. Probably the term is the result of the contraction of «dugu kuntigui» (literally: chief of the village).
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