entre gallegos – (es)

ENTRE GALLEGOS_Dugutigui
“La nostalgia empieza por la comida”, dijo el Che Guevara, tal vez rememorando un jugoso asado de su tierra, al tiempo que compartía una insípida yuca con mojo con sus camaradas en Sierra Madre. Tal vez es por esa morriña -del lacón con grelos y el pulpo á feira en mi caso- que había decidido pasar unos días en mi tierra natal, que por su paisaje y paisanaje bien puede ser llamada Galicia. También debió influir el darme cuenta de que hacía mucho tiempo que no me sentía de tan buen humor, tanto que me entraron ganas de moverme. El problema es que vivo al borde del Mediterráneo y aquí el cielo se tiñe de rojo a diario. Manteniendo los huesos calientes, eso sí. En mi tierra natal, por el contrario, el cielo lleva puesto perennemente un vestido gris. Y es que en los países mitológicos -gloriosa melancolía- rara vez sale el sol.
ENTRE GALLEGOS_0_Dugutigui
Necesitaría unas botas, pero al ir a por ellas, me acordé de que las había tirado el año anterior en un ataque inverso de la misma melancolía. Puede que suene exagerado, pero así es: nunca se es tan viejo como para perder la esperanza; así que mi odisea debía comenzar con una vista al centro comercial a dos manzanas de mi casa. Era extraño salir después de tanto tiempo, aunque todo me resultaba familiar, claro está. Hacía calor, tanto calor como para plantearme el dar media vuelta y regresar a mi guarida. No obstante el pulpo á feira pareció fijar sus ventosas en mi cerebro, lo cual no me produjo una erección, solo ensalivar, lo que fue suficiente para seguir derecho hacia el templo del consumo. En el camino esperaba ver algo verde, aunque sólo fuera un árbol, pero no hubo suerte.
Mi epopeya en el centro comercial adquirió todos los matices de la reforma en un caserón antiguo. Compré un par de botas. Y juzgué que era necesario estrenarlas con calcetines nuevos y luego con una camisa nueva y luego con unos vaqueros nuevos y así sucesivamente hasta llegar al calzoncillo nuevo. ¡Jodido capitalismo! Solo me había alejado unos metros de la base y ya me había gastado una fortuna. Salí de allí un poco mosqueado, cargado de bolsas, y enfilé hacia casa. Como consolación traté de animar el paseo de vuelta con la ensoñación de los verdes apasionados de mayo hasta el mar y las ubérrimas lluvias y los vientos perpetuos de los campos de mi tierra. En mi mundo sobrenatural todo es posible … El pitido de una moto, que no se ni de donde salió, junto con un razonable “chalado”, me sacó abruptamente de mi fantasía. Achaqué al pulpo á feira la siembra de ese germen lunático. Así, mientras allende unos disfrutan de la lluvia, otros, aquende, no tenemos tiempo de pensar que llueve. No había visto nada verde, pero, ¡vaya!, ¡cuántos acontecimientos para un solo día! Guardé, tal y como estaban, las bolsas en el armario, lo cerré, y me hice un huevo frito. El pulpo liberó mi sesera y pareció alejarse nadando –como suelen hacer los pulpos. “Cada vez que salgo de casa, me siento más solo que antes”. No fue precisamente una reflexión agradable, pero hice como si nada.
No se porque os cuento esto. Pero entre gallegos -ya sabemos-, por un lado ya sabes, y por el otro ¿qué quieres que te diga?
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Entre gallegos – Dugutigui

About Dugutigui

In the “Diula” language in Mali, the term « dugutigui » (chief of the village), literally translated, means: «owner of the village»; «dugu» means village and «tigui», owner. Probably the term is the result of the contraction of «dugu kuntigui» (literally: chief of the village).
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