mientras tanto… (es)

MIENTRAS TANTO
Si, por azar o por milagro, las palabras se volatilizaran, nos sumergiríamos en una angustia y un alelamiento intolerables. Tal súbito mutismo nos expondría al más cruel suplicio. Es el uso del concepto el que nos hace dueños de nuestros temores. Decimos: la Muerte, y esta abstracción nos dispensa de experimentar su infinidad y su horror. Bautizando las cosas y los sucesos eludimos lo Inexplicable: la actividad del espíritu es un saludable trampear, un ejercicio de escamoteo; nos permite circular por una realidad dulcificada, confortable e inexacta. Aprender a manejar los conceptos —desaprender a mirar las cosas… La reflexión nació un día de fuga; de ella resultó la pompa verbal. Pero cuando uno se vuelve a si mismo y esta solo —sin la compañía de las palabras—, se redescubre un universo incalificado, el objeto puro, el acontecimiento desnudo: ¿de donde sacaremos la audacia para afrontarlos? Ya no se especula sobre la muerte, se es la muerte, en lugar de adornar la vida y asignarle fines, se le quitan sus galas y se reduce a su justa insignificancia: un eufemismo para el Mal. Las grandes palabras: destino, infortunio, desgracia, se despojan de su brillo; y es entonces cuando se percibe a la criatura bregando con órganos desfallecidos, vencido por una materia postrada y atónita. Retirad al hombre la mentira de la Desdicha, dadle poder para mirar debajo de ese vocablo: no podrá un solo instante soportar su desdicha. Es la abstracción, las sonoridades sin contenido, dilapidadoras y ampulosas, lo que le impidió hundirse, y no las religiones y los instintos. Para no gravitar demasiado sobre nuestro accidente, convertimos en entidad hasta nuestro nombre: ¿como se va a morir uno cuando se llama Pedro o Pablo? Cada uno de nosotros, más atento a la apariencia inmutable de su nombre que a la fragilidad de su ser, se abandona a una sensación de inmortalidad; una vez desvanecida la articulación, quedaríamos completamente solos, el místico que se desposa con el silencio ha renunciado a su condición de criatura. Imaginémosle, además, sin fe —un místico nihilista— y tendremos la culminación desastrosa de aventura terrestre.
… Es muy natural pensar que el hombre, cansado de palabras, al cabo del machaconeo del tiempo desbautizará las cosas y quemará sus nombres y el suyo en un gran auto de fe donde se hundirán sus esperanzas. Todos nosotros corremos hacia ese modelo final, hacia el hombre mudo y desnudo…
Meantime1
Mientras tanto…
Frente a pensadores desprovistos de patetismo, de carácter y de intensidad, y que se moldean sobre las formas de su tiempo, se yerguen otros de los cuales se siente que, en cualquier momento en que hubieran aparecido, hubieran sido semejantes a si mismos, despreocupados de su época, extrayendo sus pensamientos de su propio fondo, de la eternidad especifica de sus tareas. No toman de su medio más que los contornos, algunas particularidades de estilo, algunos giros característicos de una evolución dada. Prendados de su fatalidad, se asemejan a las irrupciones, fulgores trágicos y solitarios, cercanos al Apocalipsis y a la psiquiatría. Un Kierkegaard, un Nietzsche, aun surgidos en un periodo más anodino, no hubieran tenido la inspiración menos estremecida ni menos incendiaria. Perecieron en sus llamas; unos cuantos siglos antes hubieran perecido en las de las hogueras; cara a cara con las verdades generales, estaban destinados a la herejía. Poco importa que os devore vuestro propio fuego o el que os preparan: las verdades del temperamento deben pagarse de una manera u otra. Las vísceras, la sangre, los malestares y los vicios se conciertan para hacerlas nacer. Impregnadas de subjetividad, se percibe un “yo” tras cada una de ellas: todo se convierte en confusión: un grito de la carne se encuentra en el origen de la interjección más anodina; incluso una teoría de apariencia impersonal no sirve más que para traicionar a su autor, sus secretos y sus sufrimientos; no hay universalidad que no sea una máscara: hasta la lógica, todo es pretexto para la autobiografía; su “yo” ha infestado las ideas, su angustia se ha convertido en criterio, en única realidad.
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Mientras tanto… – E. M. Cioran

About Dugutigui

In the “Diula” language in Mali, the term « dugutigui » (chief of the village), literally translated, means: «owner of the village»; «dugu» means village and «tigui», owner. Probably the term is the result of the contraction of «dugu kuntigui» (literally: chief of the village).
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5 Responses to mientras tanto… (es)

  1. ane says:

    I’m so sad that all aspects of this world can not have any value to me. How can I speak of beauty, how can I make aesthetic considerations, you are sad, sad death” Emil Cioran Smile Life is beautiful!🙂

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