de dioses y hombres – (es)

DE DIOSES Y HOMBRES
Entre los trámites para matar a las personas siempre se ha incluido el nombre de un elevado ser hipotético que han inventado los hombres y que han creado en su fantasía. Es una elección justificada, dado que estos seres invisibles, con sus celos vengativos, sin piedad, con su racismo, su sexismo y su aterradora sed de sangre, se adaptan perfectamente a la situación. Sus mismas leyes divinas, que prohíben el asesinato, permiten ciertas excepciones, que no son pecado mortal.
Los aztecas creían que tenían una deuda de sangre con los dioses y querían evitar el desastre mediante el pago en efectivo de este pasivo sin fin. Estos perfeccionistas de la cirugía coronaria retiraban corazones y arrojaban los despojos por las escaleras de la pirámide. No lo sabemos a ciencia cierta —es posible que algunas cuentas sean exageradas— pero probablemente miles de personas cada año recibieron cirugía gratuita.
El buen Sócrates, culpable de negarse a reconocer a los dioses aprobados por el Estado, fue invitado a morirse, después de un discurso sobre la inmortalidad. Aun así, los benevolentes dioses oficiales le concedieron un mes adicional de vida —su ejecución fue retrasada para observar la misión religiosa anual de enviar una nave a Delos.
Los fenicios antiguos antes de rebanar el gaznate a un reo celebraban una especie de rito sagrado, del mismo modo que algunos milenios más tarde lo siguen haciendo sus nuevas generaciones antes de ir a la guerra y matar a sangre y fuego a sus enemigos.
Los caníbales de Guinea y de la Polinesia antes de devorar solemnemente a sus prisioneros, o sea, a hombres inútiles como misioneros, viajeros y corredores de diversas firmas comerciales o simples curiosos, los ofrecían a sus dioses ejecutando los más variados rituales religiosos. Como que a ellos todavía no les había llegado la cultura del ornato, adornaban sus piernas con coronas y vistosas plumas de pájaros de la selva.
Gracias a dios hoy en día todo mundo es ateo. Ateo de todos esos dioses antiguos, que eran los únicos y verdaderos para nuestros antepasados. Aquellos dioses nos parecen ahora ridículos y primitivos. Los actuales son evidentemente más molones…
Dioses_y_Hobres
El primer acto oficial de la Inquisición parece haber tenido lugar el 6 de febrero 1481, cuando seis conversos fueron chamuscados vivos. Su conflagración pública fue animada con un sermón completo dado por un sacerdote católico. Este asesinato en masa, sin embargo, fue sólo el comienzo.
Las ejecuciones públicas por brujería son sólo una muestra de la historia de los crímenes ocultos a través de África. Se calcula que entre 1991 y 2001, un total de 22.000 a 23.000 africanos fueron linchados por sus vecinos, temerosos de las brujas. No se incluyen las víctimas entre los que creen firmemente ser inmunes a los disparos. Pero se pueden comparar estas cifras, causadas por lo sobrenatural, con el número de personas acusadas de brujería y realmente ejecutadas durante los años inquisitoriales de Europa —1450-1750—, una serie que alcanza quizá de 40.000 a 50.000 infelices. Ciertamente, para un humanista secular, estos son inquietantes números para la reflexión.
En la ejecución de delincuentes los sacerdotes siempre han prestado su consuelo y apoyo emocional importunando con su presencia a los malhechores. En Prusia un clérigo acompañaba a los desgraciados a la horca, en Austria un sacerdote católico los llevaba al patíbulo y en Francia a la guillotina, en España a un sillón en el cual eran estrangulados con un ingenioso instrumento, en América los lleva un pastor a otra silla, esta eléctrica, y a los revolucionarios rusos los acompañaba un barbudo pope. Tenían que ir a todas partes con el crucificado como si quisieran decir: “A ti sólo te cortarán el cuello, te colgarán, te estrangularán, te soltarán 15.000 voltios, pero piensa en lo que Él tuvo que sufrir.”
El gran matadero de las Guerras Mundiales tampoco podía prescindir de la bendición sacerdotal. Los capellanes castrenses de todos los ejércitos rezaban y celebraban misas de campaña por la victoria del ejército cuyo pan comían. En las ejecuciones de soldados insurrectos siempre brotaba un sacerdote. En las ejecuciones de legionarios checos un sacerdote siempre a la orden. No ha cambiado nada desde la época en que el bandolero Adalbert, al que más tarde llamaron el “Santo”, colaboró al exterminio de los eslavos del Báltico con la espada en una mano y la cruz en la otra.
En toda Europa los hombres iban al matadero como los buenos animalitos, acompañados —figurativamente— por los emperadores-carniceros, los reyes y otros potentados y caudillos, así como por sacerdotes de todas las confesiones, los cuales bendecían a sus protegidos y les hacían jurar en falso que “La revelación nos enseña que el hombre, imbéciles, fue creado a imagen y semejanza de dios. …” etcétera.
A pesar de las muchas diferencias entre cristianos, judíos y musulmanes, todos comparten una creencia fundamental en un dios compasivo y justo. Pero las mismas tradiciones religiosas que afirman que dios es compasivo y misericordioso y justo, también incluyen afirmaciones más inquietantes que promueven el odio religioso y la intolerancia, y por desgracia han proporcionado justificación para una agresiva guerra santa. Son los nuevos buenos animalitos los que sufren las excepciones de estos magnánimos dioses de moda.
Las misas de campaña siempre se celebraban dos veces: cuando la división se iba al frente y luego en el frente, antes de la sangrienta carnicería. Recuerdo que una vez en una de esas misas de campaña un aeroplano enemigo lanzó una bomba precisamente en el altar y que del cura no quedaron más que ensangrentados jirones. Se escribió sobre él como si fuera un mártir, mientras nuestros aeroplanos otorgaban a los curas de nuestros contrarios una aureola semejante. A nosotros nos divirtió mucho, y en la cruz provisional debajo de la cual fue enterrado lo que quedaba del pater, por la noche apareció la siguiente inscripción:
“A ti te ha sorprendido lo que podía tocarnos a nosotros,
¡Tú que nos prometiste el reino de los cielos!
Mas del cielo cagó sobre tu cabeza mientras decías misa,
y donde berreabas ahora están tus huesos”.
.
De dioses y hombres – Digutigui – Adaptación de un texto de Jaroslav Hasek

About Dugutigui

In the “Diula” language in Mali, the term « dugutigui » (chief of the village), literally translated, means: «owner of the village»; «dugu» means village and «tigui», owner. Probably the term is the result of the contraction of «dugu kuntigui» (literally: chief of the village).
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