oscuridad – (es)

oscuridad
La sangre se perdió por la alcantarilla, y los desgarrantes gritos remitieron hasta finalmente desaparecer. Luego le tocó el turno a los títulos de crédito de la película. La mujer pulsó el botón de parada del video y tres cosas ocurrieron: la niebla se apoderó de la pantalla, el silencio de la habitación, y una vaga inquietud de ella.
Estaba sola en casa, a excepción de su hijo pequeño, que dormía en la pequeña cama de su habitación. No tendría que haber visto una película de terror a horas tan tardías. Su marido tenía turno de noche en la fábrica y no volvería hasta las siete de la mañana. Se había sentido aburrida. Una historia de muertos vivientes que la había impresionado más de lo que ella pensaba. Fue larga, demasiado larga. Lo que le había parecido entretenido a las once de la noche, cuando aun podía oír las animadas conversaciones de los vecinos que llegaban por la entreabierta ventana, ahora le parecía tétrico. El silencio que ahora se extendía por todo el edificio y por la destartalada ciudad, era percibido como un zumbido sordo y constante en sus oídos. Instintivamente levantó los pies del suelo y se acurrucó sobre el sofá.
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Notó como su pulso se estaba acelerando. Tenía que levantarse temprano para ir a trabajar. Tenía que moverse e ir al dormitorio. Sabía que era una locura, pero aún así miro debajo del sofá antes de volver a posar los pies en el suelo. Nada. Como siempre, nada. Encendió la luz del pasillo y regresó a apagar la de la sala. Al pasar notó la puerta de la habitación de su hijo entreabierta. No estaba segura de haberla dejado así, pero la irracional alerta que ahora erizaba su nuca hacia que el zumbido de los oídos se estuviese volviendo insoportable. Solo deseaba llegar a su cama. Encendió la luz del dormitorio. Volvió y apagó la del pasillo.
Miró el despertador y después la cama vacía e intentó borrar de su mente su profundo temor de siempre a la oscuridad, a dormir sola, al espacio vacío debajo de su cama, al gran armario que, a esas horas de la noche, parecía ominoso y amenazador, y que tenía una puerta levemente abierta. La cerró del todo. Esa rendija de oscuridad siempre la asustaba, le parecía que, de repente, la rendija comenzaría a ampliarse, provocada por algo que empujase la puerta. Notó que empezaba a perder el control.
Por fin, decidió meterse en la cama. Pretendió desterrar de su mente todos esos absurdos temores, pero no pudo evadirse de su inevitable ritual: antes de apagar las luces miró debajo de la cama. Como siempre, nada. Nunca había encontrado nada que la pudiera intranquilizar, pero jamás había dejado de echar un vistazo. Desde su infancia siempre tuvo la premonición de que algo terrible, algún día, surgiría de allí abajo. Su marido se reía de sus miedos. Durante el día ella también se sonreía. No había nada. Intentó sonreír, pero una desfigurada mueca fue todo lo que consiguió.

Con esfuerzo se dirigió hacia el interruptor de la luz, lo apagó y, corriendo, se quitó las zapatillas y se metió en la cama, tapándose a continuación la cabeza y sintiendo su corazón latir más rápido de lo acostumbrado. La oscuridad siempre la aterrorizaba. Intentó concentrarse en pensamientos alegres, el beso de su marido por la mañana, su hijo de un año y medio despertando y buscándola; pero no lo logró. Cuando dormía sola, antes de que el sueño se apoderase de ella, solamente miedos oscuros e ideas terroríficas venían a su mente. Solamente podía pensar en manos que la agarrarían por los tobillos desde debajo de la cama, en la puerta del armario abriéndose con un crujido siniestro para dar paso a un ser de pesadilla… Sus manos atenazaban el borde de las mantas, rogaba que el sueño le sobreviniese pronto y despertar, como siempre, en la habitación bañada por la luz.

Supuso que habría pasado una hora cuando comenzó a invadirla aquella agradable laxitud, la flojedad de los miembros y la mente que ella siempre asociaba con la llegada del sueño salvador.

Pero fin, pensaba, cuando un escalofrío instantáneo cambió todo bruscamente. Creyó oír un ruido debajo de la cama. Su corazón repentinamente comenzó a golpear desesperado las paredes de su caja, su boca se abrió queriendo gritar, pero no pudo emitir ningún sonido. Sí. Ahora claramente lo oyó. Pensó en un ratón, algún pequeño animal que reptaba por el suelo y que desaparecería en cualquier momento. Se aferró a esa idea con desesperación, para darse cuenta con infinito pánico que aquel ruido no podía causarlo ningún tipo de animal. Eran unos siniestros crujidos, seguidos de una espantosa caricatura de respiración, como el ruido que emite un asmático en una crisis, un espantoso y cavernoso gorgoteo. Su mente comenzó a escapar hacia las regiones oscuras de la locura y el espanto infinitos. Aquello seguía reptando debajo de su cama, moviéndose siniestramente en la oscuridad. Y aquel sonido de respiración casi humano. En cualquier momento una oscura zarpa huesuda surgiría desde allí abajo y acariciaría su mano inmovilizada por el terror, y algo infrahumano vendría a por ella. ¡Está aquí! Repetía su paralizado cerebro cada vez más deprisa, mientras esperaba el momento final, mientras su corazón saltaba ya desordenado en el pecho, amenazando con reventar. ¡Está aquí, está aquí…!

Su marido nunca logrará olvidar lo que encontró en el dormitorio a su regreso aquella mañana. Sus infrahumanos gritos de dolor despertaron a los vecinos que aun dormían. Seguía gritando enloquecido cuando estos, tras forzar la puerta de su piso, lo encontraron. En la cama su mujer yacía boca arriba, los ojos espantosamente abiertos, su boca deformada en una horrible mueca, las manos contraídas y crispadas aferrando mechones de su propio pelo. Muerta. Muerta de miedo. Y debajo de la cama el pequeño cuerpo de un niño que, gateando, se había ido enredando en unos plásticos, muriendo asfixiado tras una horrible agonía.

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Oscuridad – Dugutigui (basado en un cuento de Internet)

About Dugutigui

In the “Diula” language in Mali, the term « dugutigui » (chief of the village), literally translated, means: «owner of the village»; «dugu» means village and «tigui», owner. Probably the term is the result of the contraction of «dugu kuntigui» (literally: chief of the village).
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2 Responses to oscuridad – (es)

  1. kaldina says:

    Vaya! Estuvo bastante bueno, me atrapaste de principio a fin.

    • Dugutigui says:

      Pues la tuya es realmente terrible🙂 Si se llega a apagar la luz en medio de la lectura, seguro que mi pantalón también se humedece con un líquido caliente [aunque no tan espeso…]🙂🙂
      ¡Escribes de miedo! Nunca mejor dicho…
      Gracias por dejarte atrapar, aunque solo haya sido por un ratito🙂

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