diez mitos de la situación de españa – (es)

España ha estado a punto de despeñarse por un abismo. Las nuevas medidas de Zapatero nos permiten separarnos del precipicio pero existen diez mitos que impiden que nos alejemos.
El primer mito consiste en decir que los problemas que hemos sufrido en las últimas semanas son el resultado del ataque de voraces especuladores que están en contra de España. La prensa adoptó esta lamentable posición casposa y maniquea. La realidad es que a lo que el Gobierno ha llamado especuladores no son otra cosa que los inversores y los gestores de los ahorros de millones de personas que huyen de aquellos políticos en cuyas promesas y medidas dejan de confiar.
El segundo es la teoría del contagio. La analogía con los virus no tiene cabida en este caso. Los virus se contagian indiscriminadamente. En cambio, para llegar a padecer la crisis de la deuda pública hay que comprar –más bien emitir– muchas papeletas. Se trata de una enfermedad económica que sólo se le pega a países con gobiernos manirrotos que se dedican a gastar más de lo que ingresan, saltándose a la torera las normas de equilibrio presupuestario.
El tercer mito consiste en pensar que las soluciones principales pasan por estimular artificialmente el gasto. Estas medidas keynesianas pueden resolver el problema de unos pocos, que recibirán como agua de mayo el gasto que el estado realiza en sus productos con el dinero del mismo contribuyente que no estaba dispuesto a comprarlos voluntariamente. Sin embargo, para la mayoría se traducirán en un empeoramiento de su bienestar. La demanda debe ser el refrendo de que la producción está hecha de forma económica y es valorada, y no el instrumento político para mantener producción que nadie quiere. La solución para el conjunto de la sociedad pasa por fomentar el ahorro y la capitalización como formas de sustentar las actividades más valoradas y evitar el sobreendeudamiento.
La cuarta falacia (la falacia del gasto social) consiste en presentar las políticas de gasto público de Zapatero como gasto social. Gastar lo que no se tiene y dedicarse a pedir prestado para cumplir promesas electoralistas tiene poco de social. El resultado son los impuestos elevados, la baja competitividad y el paro, claramente asocial. Con todos sus defectos, el modelo social europeo es mucho mejor que esta política antisocial de ZP. La idea europea de lo social ha consistido en generar mucha riqueza para luego detraer una parte vía impuestos y gastarla desde la administración pública en asuntos que al político de turno le resultan sociales. El modelo de Zapatero se parece al argentino: gastar sin medida en fines a los que pongo la etiqueta de social con cargo a préstamos que endeudan y entrampan a la sociedad.
La quinta falacia cuenta que España es demasiado grande para caer. En realidad España no es ni grande ni pequeña. Su incapacidad para generar la riqueza con la que cumplir los compromisos de pago es monumental. En ese sentido, España es demasiado grande para ser rescatada; un argumento adicional para quitar la pesada losa del gigantismo estatal que pesa sobre los emprendedores y acometer las reformas estructurales que permitan la generación de empleo y el crecimiento económico.
El sexto mito habla de que España no es Irlanda, queriendo decir que Irlanda estaba mucho peor que nuestro país. La realidad es más bien la contraria. Irlanda es un país que ha hecho casi todos los deberes, que ha hecho las reformas estructurales pendientes en España, que se ha vuelto competitiva, que atrae enormes inversiones internacionales, que ha transformado exitosamente su modelo productivo en uno basado en las nuevas tecnologías. El problema de Irlanda ha sido la burbuja inmobiliaria asociada a la enorme expansión del crédito de los bancos irlandeses, que se financiaron en Europa a los bajos tipos del BCE. El gobierno irlandés terminó de meter la pata al endeudar al país para rescatar a los bancos. Ojalá España fuera el país dinámico y competitivo que es Irlanda.
El séptimo consiste en pensar que en España tenemos impuestos bajos y que queda mucho margen para subidas impositivas. La realidad es bien distinta. Tenemos una presión fiscal baja y, sobre todo, una baja recaudación fiscal en términos comparativos, porque el intervencionismo gubernamental ha provocado mucho paro y baja productividad. En realidad los españoles sufren altos tipos y tienen que asumir un enorme esfuerzo fiscal que pesa como una losa sobre las familias, los trabajadores y los empresarios. Más impuestos significaría la muerte por asfixia de la economía española.
El octavo es creer que podemos cambiar el modelo productivo en uno fundamentado en la alta tecnología y el conocimiento por decisión política. Según Zapatero se puede forzar ese cambio con subvenciones a las energías verdes y crear así un millón de empleos. El modelo productivo cambia continuamente y basta con mirar atrás para darse cuenta. Pero el cambio, para que sea sostenible, lo debe decidir la sociedad civil. Los políticos tienden a equivocarse en esa apuesta porque no sufren los costes y sin embargo se ponen las medallas de elegir lo políticamente correcto.
Para dirigirnos hacia un tejido productivo basado en el conocimiento y las nuevas tecnologías necesitaríamos una enseñanza de calidad, algo de lo que carecemos en aquellos tramos educativos altamente regulados por nuestros políticos sin una sola universidad entre las primeras 200 del mundo, y una energía barata, que tampoco tenemos debido al empeño de los dos partidos principales en subvencionar formas de producción energéticas demasiado verdes como para competir en el mercado sin necesidad de ser continuamente subvencionadas.
En noveno lugar nos encontramos con ese mito según el cual estaríamos mejor con la Peseta. Detrás de esta afirmación suele esconderse la intención de devaluar la moneda como forma de solucionar nuestro excesivo endeudamiento. Esta puede ser una solución aparentemente indolora para quienes se han endeudado demasiado pero es un fraude de cara a los acreedores. Incumplir los compromisos de esta manera tiene como resultado de largo plazo que los inversores no se fíen de un país y que sea mucho más costoso financiar proyectos empresariales. Difícilmente una solución de este tipo puede beneficiar el crecimiento sostenido y el desarrollo económico general de la sociedad.
El último consiste en pensar que la compra de deuda española por parte del BCE es una solución ideal o definitiva. La muerte de las monedas ha llegado siempre cuando los políticos trataban de solucionar los problemas causados por sus políticas manirrotas con la creación de nuevo dinero. Lo que para España puede ser una solución momentánea de cara a evitar la adopción de las necesarias medidas estructurales y de ajuste, no hace sino trasladar el problema a la moneda y poner en peligro esta institución que es básica para el progreso económico a largo plazo.
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Diez Mitos De La Situación De España – Gabriel Calzada

About Dugutigui

In the “Diula” language in Mali, the term « dugutigui » (chief of the village), literally translated, means: «owner of the village»; «dugu» means village and «tigui», owner. Probably the term is the result of the contraction of «dugu kuntigui» (literally: chief of the village).
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