excéntricos – (es)

La excentricidad a menudo está asociada con la genialidad, la superdotación y la creatividad. El comportamiento excéntrico del individuo es percibido como la expresión de su inteligencia única o su impulso creativo. Por lo tanto, la forma de actuar de una persona excéntrica suele ser incomprensible no porque sea ilógica o resultado de su locura, sino porque proviene de una mente tan original que no puede ajustarse a las convenciones sociales. En las palabras de Edith Sitwell:
«La excentricidad no es, como se suele pensar, una forma de locura. Habitualmente es una clase de orgullo inocente. Tanto el genio como el aristócrata a menudo son recordados como excéntricos porque ambos actúan sin temor y no son influenciados por las opiniones y los caprichos de la muchedumbre.»
Miguel Ángel, pintor, escultor y arquitecto del Renacimiento italiano, 1475-1564
«La vida es el regalo que Dios nos hace.  La forma en que vivas tu vida, es el regalo que le haces a Dios
En toda la historia del arte, sólo cuatro artistas alguna vez han sido considerados lo suficientemente importantes como para dar su nombre a una de las Tortugas  Ninja. Miguel Ángel ha sido uno de ellos (ver nota al pié).
Miguel Ángel di Ludovico Buonarroti Simoni sigue siendo un icono del mundo del arte casi 500 años después de su muerte. Su pintura “La Creación de Adán” en la Capilla Sixtina es el fondo de pantalla más famoso de todos los tiempos. Pero a pesar de su prominente lugar entre la élite histórica de pintores, Miguel Ángel no sentía gran respeto por la pintura como medio artístico, por lo que se dedicó a otras muchas facetas artísticas como la escultura (“El David”) y la arquitectura (la basílica de San Pedro).
El legendario erudito también lucía una ciertamente desagradable y con frecuencia frustrante personalidad, que se manifestaba en una serie de peculiaridades y tics. Notorio por sus arrebatos de ira, muchas historias abundan acerca de sus gritos a las estatuas y el golpear sus apéndices, en agonía y éxtasis, como esperando una respuesta de ellas. También sabemos que vivió como un mendigo, a pesar de sus abundantes éxitos personales y financieros. Y aunque por supuesto admirable en su humildad; muchos de sus aprendices y auxiliares consideraban que este parco estilo de vida era llevado un poco demasiado lejos. Por ejemplo, se cuenta que Miguel Ángel ignoraba incluso las tareas más básicas de la higiene. No sólo se bañaba “muy rara vez” (para las costumbres italianas del siglo XV, nada menos), sino que casi nunca se cambiaba de ropa, durmiendo con el habito completo -zapatos incluidos. Su asistente alguna vez se quejó de que “a veces ha pasado tanto tiempo sin que se los quite (los zapatos) que cuando lo ha hecho la piel se ha quedado dentro de las botas, como una serpiente que mudara la camisa.” ¡Ahhggg!
Otra de sus peculiaridades era que sólo comía cuando era absolutamente necesario, considerando los alimentos y bebidas como una necesidad, en lugar de uno de los placeres simples de la vida. En consecuencia este estilo de vida le volvía casi tan impopular como sus obras, dolorosamente hermosas, le hacían famoso. Es fácil, sin embargo, imaginar cómo pudo llegar a este nivel de excentricidad. Increíblemente brillante como era, cabe dentro de lo posible que sintiera algo así como una desconexión con la sociedad en general. También puede haber influido el hecho de que su padre, que no quería que fuese un artista, le golpeara frecuentemente para hacerle cambiar de opinión o el episodio en el que un matón le rompió la nariz cuando era un adolescente -el matón, al parecer, se había cansado de que Miguel Ángel defendiera la obra de otro escultor.
De una forma u otra, este exilio social pudo inducirlo a lo que muchos psicólogos consideran que es un tema recurrente en su obra: la profunda depresión; al igual que su posible homosexualidad -en un tiempo en que los actos de sodomía eran castigados con la pena de muerte.
Ese tipo de comportamiento, por otra parte, ha llevado a algunos a especular sobre un posible autismo (ahora que tenemos una palabra para definirlo). Ciertamente Miguel Ángel mostraba muchos de los síntomas característicos, incluyendo su inadaptación para las interacciones sociales (aunque probablemente no le ayudara mucho el estar cubierto de mugre todo el día). Rara vez hablaba con otras personas -odiaba hacerlo- y tenía la tendencia de terminar los encuentros alejándose en medio de la conversación. Cuando su hermano murió, Miguel Ángel no acudió al funeral (aunque puede que tuviera alguna buena razón para esto…).
Si esta especulación es cierta, también sería su autismo lo que le permitió concentrarse en su trabajo de manera obsesiva, hasta el punto de sacrificar absolutamente todo lo demás en su vida. Por tanto, sería un tipo de autismo benigno que le permitió convertirse en uno de los mejores en su campo. Dada la gran variedad de enfermedades mentales que hay por ahí, podría haber sido mucho peor.
Nota:   Las Tortugas Ninja o formalmente las Tortugas Ninja Mutantes Adolescentes (TNMA) son un grupo ficticio de cuatro hermanos tortugas antropomorfos, que, como uno puede deducir del nombre, son también adolescentes, mutantes y ninjas. Cada una de las tortugas está nombrada en honor de otros tantos artistas famosos del Renacimiento italiano: Leonardo (Leonardo di ser Piero da Vinci), Raphael (Raffaello Sanzio da Urbino), Michelangelo (Miguel Ángel di Ludovico Buonarroti Simoni), Donatello (Donato di Niccolò di Betto Bardi) y HoHe (este no era una tortuga si no su dios y su maestro real); incluso su maestro, Splinter o Astilla, lleva el apodo de un importante pintor del Quattrocento, (Giovanni di Ser Giovanni, llamado «Scheggia», es decir “el Astilla”).
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Isaac Newton, físico, filósofo, teólogo, inventor, alquimista y matemático inglés, 1642-1727
«¿Por qué esa manzana siempre desciende perpendicularmente hasta el suelo?, se pregunto a sí mismo”.»
Sí, el de la manzana (ver nota al pié). Pero también el autor de los “Philosophiae Naturalis Principia Mathematica”, más conocidos como los “Principios”, donde describió la ley de Gravitación Universal y estableció las bases de la Mecánica Clásica mediante las leyes que llevan su nombre. Otras de sus notables contribuciones incluyen la -posible- invención del cálculo, el desarrollo de leyes del movimiento y la construcción del primer telescopio de reflexión. Es a menudo calificado como el científico más grande de todos los tiempos y su obra como la culminación de la Revolución Científica. Además de los “Principios”, Newton escribió “La Aritmética Universal”, que ayuda a fundamentar y avanzar en su Teoría de las Ecuaciones. También escribió artículos sobre el cálculo, las curvas, la óptica y la geometría analítica.
Muchas de estas obras no fueron publicadas hasta mucho después de haber sido escritas. Newton, que era a menudo reacio a publicar sus escritos, necesitaba ser convencido, por la insistencia de sus amigos matemáticos, de la necesidad de imprimir sus trabajos. Esto es lo que ocurrió con su creación más querida, el cálculo. A pesar de que había descubierto el cálculo en 1666, no publicó su descripción hasta el año 1693. Durante ese tiempo, un matemático alemán llamado Leibiniz había creado un trabajo matemático idéntico al de Newton y sus resultados se publicaron en Alemania en 1684. Como resultado, Leibiniz fue referido como el “creador del cálculo”, y cuando la noticia llegó a Inglaterra Newton se enfureció, llegando a acusar al matemático Leibniz de plagio respecto a uno de sus descubrimientos. Para proclamarse vencedor, no dudó en llegar al soborno, la falsificación y el descrédito hacia su rival, llegando a afirmar que “se alegraba de haberle roto el corazón a Leibniz”. Mientras duró el debate en ambos lados sobre la honesta reclamación de los derechos de la invención del cálculo, todas las comunicaciones entre los matemáticos de Alemania y de Inglaterra se rompieron. Como resultado de ello Francia utilizó el trabajo realizado por Newton y Leibniz y perfeccionó el cálculo, avanzando así las matemáticas en su país.
Sin embargo, el personaje y la vida de Newton es una alternancia de largos destellos de brillantez -incluso períodos tremendamente entusiastas-, seguidos por un comportamiento excéntrico inexplicable. Recientes revisiones sobre su persona nos enseñan un Newton frío, cruel y despótico, completamente alejado de su amable encuentro con la manzana que cambió el Universo. Habiendo tenido una infancia bastante amarga, privado de su padre  y olvidado por su madre, fue educado por su estricta abuela. Su carácter  se hizo muy arisco y reservado, creciendo sin amigos, lleno de complejos. El único consuelo lo encontraba en los libros y el estudio, por lo que se convirtió en el típico “empollón”
Se teoriza que probablemente sufría un trastorno bipolar. Además, sus cartas delirantes dan cierta credibilidad a la teoría de que era esquizofrénico. Hay, por otra parte, testimonios que afirman que en los años que pasó en Grantham, alojado en la casa del farmacéutico, desarrolló una usual habilidad mecánica que consistía en la construcción de diversos mecanismos (el más citado es un reloj de agua) y juguetes (las famosas cometas, a cuya cola ataba linternas que por las noches aterrorizaban a sus convecinos).
Únicamente se le conoce una relación más o menos afectuosa, con algunos de sus alumnos, lo que ha llevado a pensar en una posible ambigüedad sexual, aunque es casi seguro que no llegara a producirse ningún contacto real, debido a su obsesión por el pecado y la autocensura que le imponía su exacerbada religiosidad.
Mientras sus logros científicos se sucedían, sus relaciones con el entorno iban empeorando.
En este punto debemos pensar: ¿tenía Newton un corazón que romper?
Parece seguro que su único placer se lo proporcionó la alquimia, actividad a la que dedicó los últimos años de su vida, por lo que se le ha dado en llamar “el último de los magos”, criticando así su método científico, y acusándole incluso de manipular los números en sus teorías, para que cuadrasen lo mejor posible con aquello que intentaba demostrar. Su excentricidad era probablemente el efecto del mercurio, elemento que se habían acumulado en su cuerpo durante sus trabajos alquimistas.
Con el paso de los años, comenzó a perder la cabeza, con claros síntomas de demencia, lo que causaba un enorme número de excentricidades que eran la comidilla de media Europa. Los amigos se reían de él cuando visitaban su casa y contemplaban la puerta principal. Había cortado dos agujeros en dicha puerta, uno para un gato adulto y otro para un gatito pequeño.
Con frecuencia se alejaba de los de invitados a la cena, después de olvidar qué día era o después de que sus pensamientos se centraran en las matemáticas. En 1699 fue nombrado Maestro de la Casa de la Moneda de Inglaterra, en honor de su servicio al país; puesto en el que llegó al máximo  en su crueldad, siendo él mismo el encargado de juzgar y condenar a muerte a  los acusados de falsificar moneda.
Newton nunca se casó y su sobrina se hizo cargo de él en la parte de su vida en la que se hizo más y más excéntrico. Vivía bien gracias a diversas inversiones empresariales que hizo astutamente durante su vida.  Por último, Newton pasó el resto de su vida y su carrera lidiando con problemas matemáticos que habían desconcertado en otro tiempo a otros matemáticos. A menudo hallaba la solución de estos problemas en cuestión de horas y enviaba las respuestas, de forma anónima, a sus compañeros, como de Bernoulli como una forma de humor profesional.
Padeció durante sus últimos años diversos problemas renales, incluyendo atroces cólicos nefríticos, en medio de uno de los cuales moriría -tras muchas horas de delirio- la noche del 31 de marzo de 1727 (calendario gregoriano). Fue enterrado en la abadía de Westminster junto a los grandes hombres de Inglaterra.
«No sé cómo puedo ser visto por el mundo, pero en mi opinión, me he comportado como un niño que juega al borde del mar y que se divierte buscando de vez en cuando una piedra más pulida y una concha más bonita de lo normal; mientras que el gran océano de la verdad se exponía ante mí completamente desconocido.»
Nota: Newton y la manzana
«Somos verdes y amarillas,
también somos coloradas,
es famosa nuestra tarta
y también puedes comernos
sin que estemos cocinadas.»
“Después de cenar, como hacía buen tiempo, salimos al jardín a tomar el té a la sombra de unos manzanos”, escribe Stukeley. “En la conversación me dijo que estaba en la misma situación que cuando le vino a la mente por primera vez la idea de la gravitación. La originó la caída de una manzana, mientras estaba sentado, reflexionando. Pensó para sí ¿por qué tiene que caer la manzana siempre perpendicularmente al suelo? ¿Por qué no cae hacia arriba o hacia un lado, y no siempre hacia el centro de la Tierra? La razón tiene que ser que la Tierra la atrae. Debe haber una fuerza de atracción en la materia; y la suma de la fuerza de atracción de la materia de la Tierra debe estar en el centro de la Tierra, y no en otro lado. Por esto la manzana cae perpendicularmente, hacia el centro. Por tanto, si la materia atrae a la materia, debe ser en proporción a su cantidad. La manzana atrae a la Tierra tanto como la Tierra atrae a la manzana. Hay una fuerza, la que aquí llamamos gravedad, que se extiende por todo el universo”.
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Empédocles de Agrigento, filósofo y político democrático griego, 495-435 a. C
«El imposible que algo llegue a ser lo que de ninguna manera es.»
Empédocles nació en el seno de una familia ilustre, y cuentan las malas lenguas que llegó a ser jefe de la facción democrática de su ciudad natal -lo que claramente desmienten sus textos.
Su fama como científico y médico-taumaturgo, unida a su posición social, le permitió ocupar importantes cargos en la vida pública.
De sus escritos se conservan únicamente “Los Políticos”, el tratado “Sobre la medicina”, el “Proemio a Apolo”, “Sobre la naturaleza” (sólo se conservan unos 450 versos de los 5.000 de que constaba la obra) y “Las Purificaciones” (de argumento místico e inspirado en el orfismo).
Escribió sus obras en forma de poemas y, en uno de los testimonios más antiguos sobre la destrucción de libros en la antigua Grecia “Vidas de los más ilustres filósofos griegos” (8,2, 57-58) de Diógenes Laercio, se encuentra un pasaje en el que se puede leer: «Aristóteles en “Sobre los Poetas” dice que Empédocles es homérico y hábil en el uso de las frases, metáforas y otras figuras del discurso poético. Y que entre otros poemas escribió “Marcha de Jerjes” y un “Proemio a Apolo”, todo lo cual fue quemado por una hermana suya -o por la hija, como dice Jerónimo; el “Proemio” fue quemado contra su voluntad (una imprecisión, puesto que ha llegado hasta nosotros), no obstante la “Marcha” lo fue voluntariamente, por ser una obra incompleta...». El pobre hombre sufría un claro ejemplo de censura familiar.
Posiblemente nadie leyendo este blog haya leido nunca una de sus obras, pero muchos lo conocerán por su vertiente más excéntrica. Especialmente por la leyenda según la cual Empédocles se habría arrojado al Cráter del Etna con el fin de que, misteriosamente desaparecido, sus paisanos lo tuvieran por un dios inmortal; superchería que fue descubierta cuando se encontró a los pocos días una sandalia del filósofo en la boca del volcán. Una leyenda más benigna dice que se arrojó al Etna para conocer el interior de la Tierra y del Fuego. Otra versión señala que las causas de la muerte de Empédocles fueron que se creía realmente inmortal y que para probar esta causa se hizo acompañar por varias personas y se arrojó al volcán, donde fue rápidamente consumido por la lava incandescente. Una última versión dice que Empédocles, estando decepcionado (posiblemente con el nombre que le habían dado sus padres), subió al cráter del volcán Etna y se suicidó arrojándose a él. Lo que si esta claro, es que desde su visita al Etna no se le ha vuelto a ver el pelo.
Esta misma tradición llena de versiones, lo definió siempre como un sujeto particularmente excéntrico: al parecer, él mismo se consideraba un profeta o un dios, y predicaba su filosofía a partir de versos de inspiración homérica, que recitaba de pueblo en pueblo, acompañado de sus seguidores. También que a muchas hijas de los ciudadanos, las cuales carecían de dote, las dotó de propio, siendo rico. Y aun por eso vestía púrpura y se ceñía con cíngulo de oro, como dice Favorino en el primero de sus “Comentarios“. Que llevaba también sandalias de bronce (la que apareció en la boca del Etna) y corona délfica (de esta ni rastro…). Que tenía el pelo muy largo, llevaba detrás muchachos de servicio, y siempre se dejó ver severo de aspecto y en un estado mismo. Que de esta forma salía siempre que los ciudadanos iban a buscarlo, y aun veneran esto en él como a insignia regia.
Fue discípulo de Pitágoras (otro bastante excéntrico: vegetariano, que cuando descubrió su teorema lo celebró matando un buey y pacifista que murió en una pelea) y Parménides; y según otra tradición, Empédocles rechazó aceptar la corona ofrecida por el pueblo de Agrigentum después de haber colaborado en la liberación de este de la oligarquía gobernante. En su lugar instituyó una democracia…
Empédocles fue uno de los personajes preferidos por los historiadores de la antigüedad para construir biografías apócrifas; Diógenes Laercio nos ha transmitido muchas de ellas, procedentes a su vez de fuentes diversas. Las más conocidas son la de su precipitación al cráter del Etna, o la de la resurrección de una mujer que no respiraba; pero también se dijo de Empédocles que era un ferviente demócrata, cuando en sus obras sostuvo ideas antidemocráticas.
Respecto a su viaje al Etna, también hay comentarios jocosos de sus colegas. Demetrio de Trezene, en el libro “Contra los Sofistas”, dice por estos versos de Homero que Empédocles:
«Cogió una soga, atósela al gaznate,
y se colgó en la copa más excelsa
de un altísimo guindo, desde donde
a los infiernos descendió su alma.»
Y en la carta de Telauges se refiere que, siendo ya viejo, cayó en el mar y murió. Esto por lo tocante a su muerte. En Pammetro hay unos epigramas jocosos de él, que son los siguientes:
«Tú también, tú, Empédocles, otro tiempo,
sorbiéndote la llama transparente
de inmortales ardores,
purificaste el cuerpo.
No diré que te echaste voluntario
del Etna entre los ígneos manantiales;
pero sí que queriendo
desaparecer, caíste no queriendo.»
Otro:
«Es fama que Empédocles
cayó del carruaje en un camino,
y quebrándose un muslo, murió de ello.
Si al Etna se arrojó, si sus ardores
sorbió, ¿de qué manera
aún vemos en Megara su sepulcro?»
Todo un personaje este Empédocles…
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Lord Byron, poeta inglés, 1788-1824
«Cuando la edad enfría la sangre y los placeres son cosa del pasado, el recuerdo más querido sigue siendo el último, y nuestra evocación más dulce, la del primer beso.»
Generalmente considerado como el mejor poeta de habla inglesa, solo precedido por Shakespeare, Lord Byron publicó su primera obra poética a los 14 años, una edad en la que, generalmente, el pensamiento más profundo de un chico es que las niñas, posiblemente, podrían ser más entretenidas que los video-juegos. Renombrado por su ingenio y versatilidad, el “Don Juan” de Byron es uno de los pocos poemas que la mayoría de nosotros puede declamar al tratar de seducir a una dama inglesa, incluso borracho como una cuba.
Byron, posiblemente, fue el producto típico de una madre excesivamente preocupada por su hijo, la cual se dedicó a cuidar exclusivamente de su crianza y educación (como hacen la mayoría de las madres, por otra parte…). Tal vez por esto, Byron fue desarrollando un carácter caprichoso y soberbio, lleno de excentricidades. Su vida fue una verdadera y constante convulsión. Ya con nueve años se enamoró locamente de una escocesa, María Duff. Cuando, mas tarde, ésta se casó, Lord Byron cayó en una larga y profunda depresión. Su segundo amor fue su prima Margarita Parker que, según Byron “parecía nacida del arco iris”. Su amor más intenso (que ya es difícil un amor aún más intenso que enamorarse locamente…) fue el que deparó a María Chanworh, aunque plagado de problemas, principalmente el desdén de ella.  El “detalle” de que el padre de miss Chaworth había muerto en duelo con un tío de Lord Byron, tampoco ayudaba mucho en la relación.
En cualquier modo, Lord Byron tuvo un particular magnetismo personal. Consiguió la reputación de no ser convencional, ser excéntrico, polémico, ostentoso y controvertido. Muchos han atribuido sus capacidades extraordinarias a un trastorno bipolar, también conocido hoy día con el nombre de depresión maníaca (o un poco chalado, en los tiempos del Lord…). Siempre fue ácido y cruel. Se inclinó por los desheredados, los marginados, los miserables como los corsarios y los cosacos, y consideraba todo lo demás como hipocresía: nobleza, sociedad, etc. Siempre defendió a los más débiles y a los oprimidos, por lo que apoyó a España frente a la invasión napoleónica, a la independencia de las naciones latinoamericanas y, por supuesto, a la libertad de su querida Grecia.
Byron, siendo fiel a si mismo, se entregó a una vida libertina con todo tipo de excentricidades. Por ejemplo, estando en su residencia señorial de Newstead e incluso en Londres, Byron tenía una acompañante permanente: una dama a la que obligaba a ir vestida de paje y esto era tan solo una benigna muestra de sus excentricidades. Ya, a temprana edad, sus excentricidades comenzaron a ser públicas y notorias. A su llegada a Cambridge, recibió la orden de enviar a su perro de vuelta a casa por ir en contra de las reglas de la escuela. Desesperado por tener una mascota, Byron estudió meticulosamente las normas de la Universidad en lo referente a la tenencia de animales de compañía que no estuviesen expresamente prohibidos. No encontró ninguna referencia sobre los osos, así que instaló uno en su dormitorio. Siendo un amo responsable, Byron solía sacarlo regularmente -eso sí, atado con una correa- mientras que paseaba a través de la Universidad, aterrorizando a compañeros y profesores. Cuando la administración le recriminó por el hecho de pasear con un oso por el campus, el poeta trató en vano de conseguir una beca para la bestia.
Y cuando la mayor parte de la gente se suaviza al terminar la Universidad, Byron decidió llevar su locura a un nivel completamente nuevo. Dejaremos que esta cita de uno de sus amigos nos cuente la historia:
«El hogar del Señor Byron consiste, además de los sirvientes, en diez caballos, ocho enormes perros, tres monos, cinco gatos, un águila, un cuervo y un halcón; y todos ellos, salvo los caballos, se mueven libremente por la casa; y de vez en cuando resuena el estrépito de sus peleas sin cuartel, como si fueran los amos de ella.»
(Más tarde) «… Me parece que mi anterior enumeración de los animales en este Palacio del Circo era defectuosa, ya que materialmente acabo de conocer en la gran escalera a cinco pavos reales, dos gallinas de guinea, y una grulla de Egipto.»
Eso es de Percy Shelley (poeta amigo y esposo de la autora de “Frankenstein”, Mary Shelley). Si a usted no le parece un poco excéntrico convertir su casa en el Arca de Noé, es por que no se está imaginando la enorme cantidad de mierda que estos animales producen. Aún así es evidente que tuvo gran afición por los animales de compañía, como por su perro Terranova “Boatswain”, en cuya tumba escribió:
«Aquí reposan
los restos de una criatura
que fue bella sin vanidad
fuerte sin insolencia,
valiente sin ferocidad
y tuvo todas las virtudes del hombre
y ninguno de sus defectos. »
No obstante, con el paso de los años, las habilidades de Byron como cuidador de zoológicos evolucionaron a la de Almirante de guerra. A tal efecto construyó dos castillos de piedra en las orillas de su lago y botó una flota de barcos de juguete, la cual se pasaba el día entero dirigiendo, en cuclillas, desde su fortaleza.
Ante la insistencia de Byron, su sirviente, Joe Murray, se tumbaba en un pequeño bote en medio del lago y “comandaba la flota”, lo que nos imaginamos consistiría  en empujar los barquitos a su alrededor y hacer ruidos de cañón con la boca.
La información relativa a la cantidad que Joe Murray recibía por soportar este tipo de mierda no se encuentra disponible.
Quizás para poner freno a esa resbaladiza pendiente emocional, Byron, en un momentote su vida, contrajo matrimonio con Ana Isabel, hija de Ralf Milbanke, Barón del condado de Durham. En este matrimonio cohabitaba una gran descompensación: ella, mujer distinguida, convencional y puritana y Byron… bueno, todo lo contrario. Evidentemente esta unión no duro mucho. Fue cuando Byron publicó “¡Que te vaya bien!” (refiriéndose a su esposa), en el que atribuyo a esta una serie de cosas que se consideraron infundadas; lo que ocasiono su enfrentamiento con la opinión pública y el abandono de Inglaterra. “¡Que te vaya bien!” es una legendaria rareza de Byron que se imprimió en privado y fue posteriormente adquirida y distribuida por la editorial John Murray, en abril de 1816. La distribución resulto ser mucho más amplia de lo que se había previsto y provocó gran daño a Byron, tanto en cuanto una copia -de alguna manera y probablemente con picardía- cayó en manos de los periódicos y se publicó en el Morning Chronicle.
«Fare thee well! and if for ever,
Still for ever, fare thee well:
Even though unforgiving, never
‘Gainst thee shall my heart rebel.»
«Que te vaya bien! y si para siempre,
Aún así para siempre, que te vaya bien
A pesar de que no perdona, nunca
Contra ti será mi corazón rebelde.»
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Francis Henry Egerton, octavo Conde de Bridgewater, 1756-1829
«Los perros, generalmente, se comportan mejor que los caballeros.»
Egerton fue educado en Eton y en Christ Church, Oxford, y se convirtió en miembro de “Todos los Santos” en 1780 y de la “Royal Society” en 1781. Heredó su título y una gran fortuna en 1823.
Legó al Museo Británico los valiosos Manuscritos de Egerton, consistentes en 67 artículos que abordan la literatura de Francia e Italia de la época. Además donó £ 12.000 para la creación del Fondo Egerton, orientado a la adquisición de manuscritos adicionales. Más de 3.800 manuscritos han sido comprados con dicho fondo a fecha de hoy.
Egerton -hombre sabio- no tenía tiempo para las mujeres y fue un destacado excéntrico británico que se hizo famoso por sus inusuales cenas para perros (de algún modo tenía que matar el tiempo el angelito…). El conde era dueño de una numerosa jauría a la que se vestía con los mejores atuendos a la moda de la época e incluso calzaba con pequeñas botas de cuero detalladamente elaboradas. Todas las noches, el Conde cenaba con una docena de canes en la gran mesa del señorial comedor. Como era propietario de más de doce perros, a algunos les tocaba esperar su turno para recibir una invitación a cenar. Los perros se sentaban alrededor de la mesa en cómodos sillones y se les colocaban servilletas de lino blanco atadas bajo la barbilla. Los mayordomos servían la cena en servicio de plata y se colocaba la comida en  platos de preciosa porcelana china. Por supuesto, si un perro hacía gala de malos modales en la mesa, se le pedía que abandonase el comedor, viéndose obligado a comer solo y apartado, como un villano.
Otra excentricidad de Egerton era su manera de medir el tiempo. Egerton usaba un par nuevo de botas cada día -una única vez. Cuando por la noche había terminado con un par, las alineaba en filas alrededor de los muros de la mansión y las utilizaba como un calendario, con el fin de contar el paso de los días bota a bota. Personalmente pienso que la excentricidad de Egerton consistía en usar las botas solo una vez y durante un día; no en alinearlas alrededor de los muros. Como bastante excéntrico que soy -sí, yo también-, creo entender que la historia de usar las botas como calendario no es mas que una farsa con la que Egerton engañaba a los criados. En realidad lo que hacía no era contar los días, sino los pares de zapatos; que de otra forma le serían robados por los lacayos, dado el lujo, la gran cantidad y el buen estado de los mismos.
También mantenía palomas y perdices con sus alas cortadas para poder dispararles -por deporte- al empezar a tener una visión deficiente -excentricidad esta no muy distante de la más contemporánea de capar a los gatos para que no se vayan de parranda…
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Albert Einstein, físico de origen alemán, 1879-1955
«Hay dos cosas infinitas: el Universo y la estupidez humana. Y del Universo no estoy seguro.»
En 1905, cuando era un joven físico desconocido y estaba empleado en la Oficina de Patentes de Berna, en Suiza, publicó su teoría de la relatividad especial. En ella incorporó, en un marco teórico simple, fundamentado en postulados físicos sencillos, conceptos y fenómenos estudiados anteriormente por Henri Poincaré y por Hendrik Lorentz. Probablemente, la ecuación más conocida de la física a nivel popular, es la expresión matemática de la equivalencia masa-energía, E=mc², deducida por él como una consecuencia lógica de esta teoría. Ese mismo año publicó otros trabajos que sentarían algunas de las bases de la física estadística y la mecánica cuántica. En 1915 presentó la teoría de la relatividad general, en la que reformuló por completo el concepto de gravedad. Una de las consecuencias fue el surgimiento del estudio científico del origen y evolución del Universo por la rama de la física denominada cosmología. En 1919, cuando las observaciones británicas de un eclipse solar confirmaron sus predicciones acerca de la curvatura de la luz, fue idolatrado por la prensa. Einstein se convirtió en un icono popular de la ciencia mundialmente famoso, un privilegio al alcance de muy pocos científicos.
Excéntrico famoso y destacado, algunos especulan con que estaba muy mal en aritmética y probablemente no sabía la tabla de multiplicar. Lo más curioso es que, de pequeño, Einstein fue todo menos un niño superdotado. Muy por el contrario: empezó a hablar a los 3 años, nunca brilló por su rendimiento en la escuela primaria y fracasó en los exámenes de ingreso de un Politécnico en Zurich, Suiza, aunque fue aceptado en un segundo intento.
Sus excentricidades incluían el uso de una corbata a modo de cinturón, ser muy descuidado -por lo general- con su ropa y desgarbado, ser un empedernido fumador de pipa, tener la caprichosa manía de usar los zapatos sin calcetín en las conferencias, sacar la lengua o dar una desconcertante conferencia de tres horas sobre las propiedades matemáticas de las pompas de jabón a su nieto de 8 años. La conferencia fue dada, mientras que los dos estaban solos en un barco de vela en calma-chicha. Einstein deliberadamente salía a navegar cuando no había viento, porque sentía que era más desafiante. “El abuelo sólo me permitía ir a pescar si me comía todo el pescado que capturaba, así que cogí un pez aquella mañana temprano y me lo comí en el desayuno,” recuerda su nieto.
Por otra parte, el científico se hacía amigo tanto de los humildes, como de los grandes. Si no estaba escribiendo al presidente Roosevelt acerca de la cercanía de la Segunda Guerra Mundial, se le podía encontrar tocando música de cámara con el verdulero local.
Sus dos más preciadas posesiones eran su violín y su pipa, y su dependencia de esta última “rayaba lo irracional.” Cuando su médico le prohibió fumar, Einstein  se escapaba y recogía colillas de la calle para llenar su pipa. “Es una anécdota bastante triste”, razona Peter Smith, autor de una biografía de Einstein.
Aunque conocido por llevarse bien con los niños, Einstein tuvo una relación tensa con sus dos hijos. También se sintió decepcionado con su nieto cuando descubrió que no era un físico brillante.”Yo tenía 25 años entonces”, comenta Einstein nieto. “Él me había dado 5.000 dólares para mis estudios en Zurich y luego me dio dinero para muebles. Esa tarde me habló por vez primera acerca de la física. Me preguntó lo que sabía acerca de la energía, pero abandonó sus cuestiones de inmediato cuando se dio cuenta de que no podía discutir el tema en sus términos. “Esa fue la última vez que lo vi.”
Sin duda un poco excéntrico, pero siempre clarividente y acertado:
«La anarquía económica de la sociedad capitalista tal como existe hoy es, en mi opinión, la verdadera fuente del mal. (…)
El capital privado tiende a concentrarse en pocas manos, en parte debido a la competencia entre los capitalistas, y en parte porque el desarrollo tecnológico y el aumento de la división del trabajo animan la formación de unidades de producción más grandes a expensas de las más pequeñas. El resultado de este proceso es una oligarquía del capital privado cuyo enorme poder no se puede controlar con eficacia incluso en una sociedad organizada políticamente de forma democrática. Esto es así porque los miembros de los cuerpos legislativos son seleccionados por los partidos políticos, financiados en gran parte o influidos de otra manera por los capitalistas privados quienes, para todos los propósitos prácticos, separan al electorado de la legislatura. La consecuencia es que los representantes del pueblo de hecho no protegen suficientemente los intereses de los grupos no privilegiados de la población. (…)
Estoy convencido de que hay solamente un camino para eliminar estos graves males, el establecimiento de una economía socialista, acompañado por un sistema educativo orientado hacia metas sociales.». Mayo de 1949, Monthly Review.
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Charles-François Ribart, arquitecto francés, siglo XVIII
«Menos mal que el proyecto quedó descartado y que se realizo el arco por que es una obra maestra que finalmente se encargó en 1806 al arquitecto Jean Francois Chalgrin y que terminó Goust y Huyot en el año 1836.»
Situado en la cima de una colina, el anodino Arco del Triunfo de París ofrece una impresionante vista desde los Campos Elíseos hasta las Tullerías y el Louvre. No obstante, en 1758 un excéntrico ingeniero francés: Charles François Ribart propuso emplazar en dicho lugar un monumental edificio con forma de elefante enjoyado como tributo al poder militar francés. Se trataba de una construcción de tres alturas a la que se accedía mediante una escalera interior de caracol. En la trompa del animal se conformaba una fuente de agua. Muy avanzado aunque con similitudes al estilo posmodernista de los años setenta y ochenta del siglo pasado, esta era una interpretación literal de este animal, en otras palabras: un edifico zoomórficos.
Ribart ciertamente fue un visionario y, posiblemente, los franceses se equivocaron colocando en medio de la plaza un vulgar arco triunfal en lugar del enorme elefante engalanado. Sin embargo, su proyecto fue considerado como una excentricidad, no siendo del gusto del gobierno, por lo que fue rechazado. La construcción del arco actual no se llevó a cabo hasta 1806 cuando Napoleón, imaginado un homenaje menos kitsch con la que dar la bienvenida a sus tropas de regreso a casa, tomó el modelo de los arcos triunfales de victoria erigidos por emperadores romanos como Constantino y Tito. Napoleón fue enviado al exilio antes de que el arco se terminara, y Luis XVIII se hizo cargo de la construcción en 1823. Dedicó el arco de la guerra en España y a su comandante, el duque de Angulema, y puso su diseño en las manos de Jean-François-Thérèse Chalgrin. El Arco del Triunfo fue consagrado en 1836. Sin embargo, el emperador no fue olvidado: los nombres de los generales de Napoleón y las batallas están grabados en su interior.
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Excéntricos – Dagutigui

About Dugutigui

In the “Diula” language in Mali, the term « dugutigui » (chief of the village), literally translated, means: «owner of the village»; «dugu» means village and «tigui», owner. Probably the term is the result of the contraction of «dugu kuntigui» (literally: chief of the village).
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6 Responses to excéntricos – (es)

  1. Monica Cubes says:

    Me atrae poderosamente la gente excéntrica, peculiar, original y hacen que de la vida ……..su propia vida.

    • Dugutigui says:

      La excentricidad, un tema que parece ser de interés para más personas de las que tal vez lo podrían admitir.

      Reflexionando sobre el tema he llegado a una conjetura:

      La metáfora del uso de máscaras no es nueva y los que las usamos lo hacemos para proteger a nuestros vulnerables y verdaderos seres interiores. También y hasta cierto punto tenemos que encajar en la sociedad y por lo tanto llevamos máscaras conformes al proyecto social. Ocurre que las máscaras, sin embargo, ocultan nuestro verdadero yo, aunque generalmente con el propósito justo de la protección y la aceptación. La máscara de la excentricidad identifica, para mi, tres estilos de excentricidad: Ego, Miedo y Verdad. Aunque estos no son mutuamente excluyentes y cualquier excéntrico puede tener una o varias caracteristicas combinadas.

      Ninguno de estos estilos es malo per se. Los excéntricos también somos humanos y por lo general moderamos nuestro comportamiento para que no se perjudique a otros. De hecho, los excéntricos pueden ser populares como “gente interesante” y con frecuencia tienen la ventaja de un tácito permiso social para romper más reglas que las personas “normales”.

      Los estilos también puede ser deliberados o inconscientes. El excéntrico consciente de sí mismo sabe el efecto que tienen sobre los demás y, o bien adopta la máscara de excéntrico para un efecto deliberado o no le importa la forma en que afecta a los demás. Sin embargo, muchos no se dan cuenta del impacto que están teniendo y se sienten bastante confundidos por la forma en que los “otros” responden, o son ciegos a los efectos sociales de esta excentricidad.

      Mi santuario (este blog) ha sido designado para ofrecerme un entorno de máximo confort y relajación en el que privadamente auto-reponerme a través de muchas de las cualidades inherentes a personalidades excéntricas -amistad, individualidad, creatividad, esperanza, curiosidad y asombro. Es como una empresa dedicada al arte de la integración de la belleza con el bienestar mental para apoyar la excentricidad interior. Desde formas creativas para calmar la mente y el espíritu hasta un poco de todo acerca de todo el mundo, para encontrar el centro de la belleza y la razón.

      Y como la excentricidad orbital realmente espero se mantenga durante miles de millones de años🙂

      ¡Gracias por tu comentario, que me ha hecho volver sobre el tema!

  2. Jota says:

    “Los excéntricos también somos humanos…” Claro que sí! De visita por tu universo. Aún no decido que máscara ponerme… así que no me pongo ninguna!!

    Saludos!

    P.D: los “te extraño” descolgados de las palmeras (sean de ex o no) siempre me hicieron “ruido”…🙂

    • Dugutigui says:

      Se dará cuenta, mi nueva mejor amiga, que somos muy casuales por aquí. La clave de esta motivación es la confianza.

      Déjeme mostrarle lo que quiero decir.
      Quiero que cierre los ojos y se deje caer hacia atrás, yo la voy a coger. Eso va a demostrar lo que tiene que ver con la confianza. ¿Preparada?
      Tres … Dos …
      [suena el móvil]
      Un segundo.
      ¡Oh, Dios mío, está en el suelo! ¡Fue una llamada de teléfono! No lo tildemos ahora como desconfianza 🙂

      Bienvenida a un universo que no está interesado en la ropa, sino que son las máscaras lo que nos hipnotiza. Son como los copos de nieve: no hay dos iguales. Algunas son tan grotescas que estoy seguro de que han sido talladas por locos, otras tan perfectas que parecen las máscaras mortuorias de los ángeles. Las mascaradas revelan la realidad de las almas. Y tú desnudas tu desnudez al mundo para que el mundo vea lo que eres, no la máscara que oculta los defectos, no la máscara que oculta tu belleza. Y decides tomar la luz del sol y te la quitas. Tal vez tu entiendes lo peligrosa que puede ser una máscara. Todos nos convertimos en lo que pretendemos ser, y llega un momento en que no podemos eliminarla sin arrancar algo de nuestra propia piel.

      ¡Gracias por comentar!

      • Jota says:

        Ay! Qué golpazo me di! ero se me hace que vale la pena darle otra oportunidad… Mi nuevo mejor amigo: dele que cierro los ojos… cuente!

        Le dejo la dirección de mi humilde cachivacherío, donde mi gran pretensión es conseguir dos palabras juntas que signifiquen algo. Me probé la máscara de Flaubert y se me cagaron de risa… Ni hablar la de Bovary!

        Saludos

      • Dugutigui says:

        Si alguna vez hay un mañana en el que no estamos juntos … hay algo que debes recordar. Y es que, incluso si estamos separados … siempre estaré contigo. 🙂 Ya sabes, aquellos que importan no cuentan, mientras que los que cuentan no importan🙂 Respecto al segundo intento, bueno, ya sabes, confianza es ir detrás de Moby Dick en un bote de remos, con salsa tártara en el macuto🙂 Re. Flaubert el mismo dijo que Madame Bovary era él mismo. Prueba George Carlin, ¡te irá mejor! Saludos y ya me paso por tu rincón.

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